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jueves, 5 de febrero de 2026

CONOCIENDO EL CAÑÓN DEL COLCA

                                    Tito Zegarra Marín

           En el primer mes del año, acompañado de mi querida hija Mily, hemos tenido la oportunidad de visitar al valle y cañón del Colca, ubicado en la provincia de Caylloma, Arequipa, a unos 160 km de la Ciudad Blanca.

     Al enrumbarnos y llegar hasta allí, volvimos a verificar que la geografía peruana es, efectivamente, vasta y megadiversa: valles, llanuras, montañas, cañones, picos, nevados, lagos, bofedales, ríos, manantiales; amén de su fauna y flora.

     Los cañones territoriales son depresiones profundas y estrechas por los que fluyen ríos que le dieron origen y señalan su curso; todos incrustados a lo largo de la cordillera andina y flanqueadas por laderas verticales y cerros empinados.

     El Cañón del Colca es uno de los tantos existentes en el país, el más espectacular, abismal y largo; el que mayor interés y admiración concita a cientos de peruanos y extranjeros. Hacia él partimos desde la ciudad del Misti muy temprano, el 16 de enero de 2026, a bordo de un bus de servicio turístico.

     Ansiosos y emocionados, hicimos el primer alto en el Mirador de los Andes, a 4910 m, cubierto de nieve, brillante y gélido a su redor, desde el cual vislumbramos al volcán Sabancaya y otros de menor magnitud.

   Al iniciar el descenso, atravesamos los bofedales de Toccra y, más al fondo, observamos las aguas termales de Chacapi, donde se hace canotaje, tirolesa y bicicleta en redes. También pasamos también por los pequeños pueblos de Chivay, Yanque, Maca y Pinchollo, donde aún, persisten algunas construcciones ancestrales (terrazas y andenes).

    Al arribar al esperado mirador Cruz del Cóndor, concentramos nuestra vista en el insondable y extenso cañón (4,160 m de profundidad y más de 100 k de extensión). Lo contemplamos y, cómo no, nos hizo pensar en lo grande y compleja que es la naturaleza. Pero aquí hay algo más: se trata de la presencia de los cóndores andinos que, fugazmente, revolotean entre las nubes y se asientan en sus alturas. Un formidable atractivo turístico.

   El mirador del Cóndor, emplazado al borde del cañón, acondicionado y llamativo es hoy un valioso recurso turístico al que van cientos de turistas. Y lo envidiable es que los pueblos del valle del Colca saben aprovecharlo: bien organizados, buenos servicios, óptima infraestructura, agradable gastronomía, artesanía local y otros. A la vez, son conscientes que estos recursos son fuentes insustituibles de vida para muchos.

     El Colca me hizo recordar a otros que he conocido: el cañón del Pato en el callejón de Huaylas, en Huaraz (Ancash); el cañón (pongo) de Manseriche en Condorcanqui (Amazonas); el del río Utcubamba entre Lámud y Bongará; el cañón de Sonche, en Huancas (Chachapoyas). En Celendín, los ríos Marañón, La Llanga, Mirilis y Cantange forman cañones en algunos sectores de su recorrido, salvando las distancias, por cierto.

    Pero también hizo recordar que contamos con importantes recursos históricos, paisajistas, hídricos, costumbristas, culinarios y otros, que muy bien podrían ser puestos en valor y convertirse en medios de generación de trabajo y apoyo a la economía de muchas familias, como lo es en el Colca y otros lugares.  Tengo la esperanza que algún rato, tal vez no lejano, será así.

   Satisfecho de lo vivido, expreso mi gratitud a mi hijo Oscar y su señora Yulita, radicados en Arequipa, por su cariño y facilitarnos esta inolvidable visita.









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