Tito Zegarra Marín
En el primer mes del año, acompañado de mi querida hija Mily, hemos tenido la oportunidad de visitar al valle y cañón del Colca, ubicado en la provincia de Caylloma, Arequipa, a unos 160 km de la Ciudad Blanca.
Al enrumbarnos y llegar hasta allí,
volvimos a verificar que la geografía peruana es, efectivamente, vasta y
megadiversa: valles, llanuras, montañas, cañones, picos, nevados, lagos,
bofedales, ríos, manantiales; amén de su fauna y flora.
Los cañones territoriales son depresiones
profundas y estrechas por los que fluyen ríos que le dieron origen y señalan su
curso; todos incrustados a lo largo de la cordillera andina y flanqueadas por
laderas verticales y cerros empinados.
El Cañón del Colca es uno de los tantos
existentes en el país, el más espectacular, abismal y largo; el que mayor
interés y admiración concita a cientos de peruanos y extranjeros. Hacia él
partimos desde la ciudad del Misti muy temprano, el 16 de enero de 2026, a
bordo de un bus de servicio turístico.
Ansiosos y emocionados, hicimos el primer
alto en el Mirador de los Andes, a 4910 m, cubierto de nieve, brillante y
gélido a su redor, desde el cual vislumbramos al volcán Sabancaya y otros de
menor magnitud.
Al iniciar el descenso, atravesamos los
bofedales de Toccra y, más al fondo, observamos las aguas termales de Chacapi,
donde se hace canotaje, tirolesa y bicicleta en redes. También pasamos también
por los pequeños pueblos de Chivay, Yanque, Maca y Pinchollo, donde aún,
persisten algunas construcciones ancestrales (terrazas y andenes).
Al arribar al esperado mirador Cruz del
Cóndor, concentramos nuestra vista en el insondable y extenso cañón (4,160 m de
profundidad y más de 100 k de extensión). Lo contemplamos y, cómo no, nos hizo
pensar en lo grande y compleja que es la naturaleza. Pero aquí hay algo más: se
trata de la presencia de los cóndores andinos que, fugazmente, revolotean entre
las nubes y se asientan en sus alturas. Un formidable atractivo turístico.
El mirador del Cóndor, emplazado al borde
del cañón, acondicionado y llamativo es hoy un valioso recurso turístico al que
van cientos de turistas. Y lo envidiable es que los pueblos del valle del Colca
saben aprovecharlo: bien organizados, buenos servicios, óptima infraestructura,
agradable gastronomía, artesanía local y otros. A la vez, son conscientes que
estos recursos son fuentes insustituibles de vida para muchos.
El Colca me hizo recordar a otros que he
conocido: el cañón del Pato en el callejón de Huaylas, en Huaraz (Ancash); el
cañón (pongo) de Manseriche en Condorcanqui (Amazonas); el del río Utcubamba
entre Lámud y Bongará; el cañón de Sonche, en Huancas (Chachapoyas). En
Celendín, los ríos Marañón, La Llanga, Mirilis y Cantange forman cañones en
algunos sectores de su recorrido, salvando las distancias, por cierto.
Pero también hizo recordar que contamos con
importantes recursos históricos, paisajistas, hídricos, costumbristas,
culinarios y otros, que muy bien podrían ser puestos en valor y convertirse en
medios de generación de trabajo y apoyo a la economía de muchas familias, como
lo es en el Colca y otros lugares. Tengo
la esperanza que algún rato, tal vez no lejano, será así.
Satisfecho de lo vivido, expreso mi gratitud a mi hijo Oscar y su señora Yulita, radicados en Arequipa, por su cariño y facilitarnos esta inolvidable visita.


.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)

.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario