Tito Zegarra Marín
Este corto artículo, un tanto irónico e informal, trata de analizar a un hecho de carácter taurino sucedido en la provincia de Celendín en el marco de sus fiestas en homenaje a la virgen del Carmen 2026.
Se trata de un toro de lidia que, en la primera tarde taurina (30 de julio), fugó abruptamente del coso para luego, orondo y bravío, recorrer algunas calles del centro de la ciudad y atravesar la mismísima Plaza de Armas.
En su desbordada travesía provocó justificado pánico, correrías para eludirlo, alborotos y temores, pero también emociones al ver a un astado desplazarse sobre piso de cemento, entre luces (caía la noche), casas y balcones con gente que comentaba e increpaba.
Felizmente, el osado toro no causó daños ni a las propiedades ni a transeúntes, y casi de inmediato se emplazó en zonas despobladas de Chacapampa (barrio del norte), donde, ante el peligro que representaba, encontró la muerte a través de un indeseable tiro, pero difícilmente, hubiera existido otra forma inmediata de acabar con él.
Esta insólita huida de un toro de casta, no es nueva en la provincia. Hasta los años 60, algunos toros solían escapar rompiendo los maderos de la barrera y generaban pavor hasta perderse por las pampas verdes del lado este. De allí, a los toros pequeños los regresaban atados o agrupados con ganado manso, mientras que los grandes eran aniquilados de una forma u otra.
Por esos años la estructura del ruedo era precaria y poco segura, se recuerda al celendino Diego Merino que cayó del palco al piso, entre otros. Esta situación ha sido superada, hoy se controla y verifica que el armado de madera sea seguro y que el riesgo sea mínimo. Lo sucedido en la primera tarde ha llamado la atención y obviamente hubo descuido.
El coso de palos en nuestra provincia tiene profundas raíces históricas. Su construcción moviliza y alegra a la población, casi una fiesta, hasta verlo listo de 4 pisos: barrera, chaque, palco y sobre palco. Sin embargo, el coso ha llegado a ser demasiado grande, por lo que es indispensable reducirlo de 110 sitios a 80.
Con el paso del tiempo, el ruedo de madera, vistoso e impactante, se ha convertido en un hito con el que la comunidad se identifica plenamente, pues es parte de sus vivencias, modos de vida y deseos. La incomodidad para ubicarse no es tal o es soportable y no impide que el coso se llene de bote a bote.
Consecuentemente, la feria taurina forma parte de la tradición de nuestros pueblos a la que sienten, la viven y la esperan, pues encuentran en ella, expresiones de alta valentía, técnicas de capeo y pinceladas de arte; empero, para algunos existen señales de crueldad sobre todo al dar fin a los astados. Tema controversial, pero lo real es que más de 10 mil aficionados llenan al ruedo de tablas, cuyo espectáculo, con sus altos y bajos, no deja de ser atractivo.
Nota: En mayo de 1966 se lidió en España a un ejemplar de nombre TORO ATREVIDO.


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