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martes, 12 de mayo de 2026

EL LABRADOR DE LA TIERRA*

       Tito Zegarra Marín.                               

     En el distrito de Sucre, Celendín, los meses de mayo (15 día central) se rinde homenaje a San Isidro el labrador de la tierra. Estas breves palabras al respecto.

      Fuentes históricas dan cuenta que Isidro nació en Madrid, España (fines del siglo XI) y que vivió en el campo trabajando como jornalero (siervo) en un feudo o hacienda, donde, a pesar de la dureza del trato servil, se formó como agricultor (labrador de la tierra) y se fortaleció como hombre de fe y profundos sentimientos religiosos.

     Con el paso del tiempo, se dedicó a labrar su propia tierra y a producir lo necesario para vivir. La chacra fue su segunda casa: el azadón, el arado y la guadaña sus herramientas básicas; y lo que hoy serían el poncho y el sombrero, sus prendas habituales. El Papa Juan XXIII lo proclamó, mediante Bula de 1960, Santo Patrón de los agricultores.

      Isidro, como ciudadano, fue solidario y generoso con los más necesitados, amoroso y justo y, cómo no, un infatigable labrador de la tierra, pero siempre de la mano de Jesús y de su acendrada fe. En 1962, el Papa Gregorio XV lo canonizó como Santo con la advocación de Labrador.

     La colectividad sucrense, de raíces campesinas, tuvo la fortuna de adoptar a este humilde labrador de la tierra, convertido en Santo, como su guía espiritual y su pastor inseparable, haciéndose merecedor de veneración y cariño infinitos e instituyéndose su fiesta en su honor cada mes de mayo.

     La festividad, en efecto, es una actividad social y religiosa en la que rendimos culto al Labrador y participamos activamente en el desarrollo de su interesante programación. Todos, sin distinción.

    Los niños pobres degustan un pan en las noches de “novenas” barriales; los mayores contemplamos absortos la “bajada” de San Isidro de su altar (4 de mayo); cientos de devotos elevan sus plegarias durante las misas del “alba” y “día” y de la tradicional procesión (15 de mayo); familias modestas reciben con gratitud el “compartir” del día central; todos disfrutamos de los fulgurantes fuegos artificiales (13 y 14 de mayo) y de actos culturales (pocos), sociales, deportivos y otros.

     Destaco también el impacto socioeconómico que genera, aunque limitado, pero importante: a) Una cantidad considerable de personas al movilizarse hacia Sucre estimulan la festividad, b) Son muchos los encuentros de confraternidad en los que se platica, rememorara y reflexiona, y c) Algunas familias en situación de precariedad, son favorecidas por los soles que circulan con la llegada de visitantes.

     Concluyo diciendo, que la festividad del Labrador forma parte de la tradición y cultura de nuestro pueblo, pero requiere valorarla y apoyarla. Las danzas de “San Antonio de Pencas” deben reactivarse y participar. Los campesinos deben estar al lado del santo Labrador, como lo fue antes, incluso, llevándolo en hombres al salir en procesión. El museo Huauco, depositario de hechos del pasado y de nuestras tradiciones, debe reabrirse. Entre otros. 

     ¡Grande el Labrador de la Tierra!

    *En memoria de mamita Albina Marín Marín, que un día como hoy (12-05-2022) partió al infinito.












 

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