Tito Zegarra Marín.
En el
distrito de Sucre, Celendín, los meses de mayo (15 día central) se rinde
homenaje a San Isidro el labrador de la tierra. Estas breves palabras al
respecto.
Fuentes
históricas dan cuenta que Isidro nació en Madrid, España (fines del siglo XI) y
que vivió en el campo trabajando como jornalero (siervo) en un feudo o
hacienda, donde, a pesar de la dureza del trato servil, se formó como
agricultor (labrador de la tierra) y se fortaleció como hombre de fe y
profundos sentimientos religiosos.
Con el paso del tiempo, se dedicó a labrar
su propia tierra y a producir lo necesario para vivir. La chacra fue su segunda
casa: el azadón, el arado y la guadaña sus herramientas básicas; y lo que hoy
serían el poncho y el sombrero, sus prendas habituales. El Papa Juan XXIII lo
proclamó, mediante Bula de 1960, Santo Patrón de los agricultores.
Isidro,
como ciudadano, fue solidario y generoso con los más necesitados, amoroso y
justo y, cómo no, un infatigable labrador de la tierra, pero siempre de la mano
de Jesús y de su acendrada fe. En 1962, el Papa Gregorio XV lo canonizó como
Santo con la advocación de Labrador.
La
colectividad sucrense, de raíces campesinas, tuvo la fortuna de adoptar a este
humilde labrador de la tierra, convertido en Santo, como su guía espiritual y
su pastor inseparable, haciéndose merecedor de veneración y cariño infinitos e
instituyéndose su fiesta en su honor cada mes de mayo.
La
festividad, en efecto, es una actividad social y religiosa en la que rendimos
culto al Labrador y participamos activamente en el desarrollo de su interesante
programación. Todos, sin distinción.
Los niños
pobres degustan un pan en las noches de “novenas” barriales; los mayores
contemplamos absortos la “bajada” de San Isidro de su altar (4 de mayo);
cientos de devotos elevan sus plegarias durante las misas del “alba” y “día” y
de la tradicional procesión (15 de mayo); familias modestas reciben con
gratitud el “compartir” del día central; todos disfrutamos de los fulgurantes
fuegos artificiales (13 y 14 de mayo) y de actos culturales (pocos), sociales,
deportivos y otros.
Destaco
también el impacto socioeconómico que genera, aunque limitado, pero importante:
a) Una cantidad considerable de personas al movilizarse hacia Sucre estimulan
la festividad, b) Son muchos los encuentros de confraternidad en los que se
platica, rememorara y reflexiona, y c) Algunas familias en situación de
precariedad, son favorecidas por los soles que circulan con la llegada de
visitantes.
Concluyo diciendo,
que la festividad del Labrador forma parte de la tradición y cultura de nuestro
pueblo, pero requiere valorarla y apoyarla. Las danzas de “San Antonio de
Pencas” deben reactivarse y participar. Los campesinos deben estar al lado del
santo Labrador, como lo fue antes, incluso, llevándolo en hombres al salir en
procesión. El museo Huauco, depositario de hechos del pasado y de nuestras
tradiciones, debe reabrirse. Entre otros.
¡Grande el
Labrador de la Tierra!
*En memoria de mamita Albina Marín Marín, que un día como hoy (12-05-2022) partió al infinito.

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