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jueves, 31 de enero de 2019

EL PENSAMIENTO SOCIAL DE LUIS ANTONIO ROJAS FAILOC (LARF)


Continuamos con el homenaje a los Marañones. Esta vez con un artículo de J. Horna, uno de los investigadores y estudiosos de los productos culturales de Celendín.

Escribe: Jorge Horna

Hace 47 años (el 1 de mayo de 1971) apareció en Celendín la inolvidable revista “Marañón”, publicación mensual que continuó más allá de los veinte números. El valor y méritos integrales de la misma merecen una reflexión aparte y que posteriormente será tratada en este medio.

En la sección informativa de Actualidad política internacional de “Marañón” puntualmente nos llegaban los artículos de Luis Antonio Rojas Failoc (LARF.), compactos comentarios que reflejaban horas de estudio y rígida investigación. Los problemas sociales de entonces eran su preocupación: la defensa de las decisiones soberanas de los sectores populares para labrar su destino; la exaltación justa de personalidades que estuvieron junto al pueblo en sus luchas; el enjuiciamiento crítico de instituciones mundiales o regionales (OEA, ONU, UNCTAD), cuyas actitudes alejadas del sentir popular, resultaban incongruentes por la serie de componendas con las potencias mundiales imperialistas.

LARF tenía fe en un porvenir mejor para la humanidad. Sociedades justas, libres, sin pobres ni excluidos, con derechos y necesidades elementales satisfechas para todos. Él mantuvo siempre en alto la esperanza de un mundo con hombres y mujeres realizados plenamente.

Es por eso que abordó desde una perspectiva social los asuntos de Vietnam que en 1973 logró su emancipación expulsando de su territorio al ejército norteamericano; celebró el establecimiento de relaciones diplomáticas del Perú con los países progresistas; expresó su admiración sincera por Ernesto Guevara el “Che” y la revolución cubana cuando Perú y Cuba en 1972 se vinculan también diplomáticamente. Allí están sus puntos de vista sobre el Grupo de los 77 y los países del Tercer Mundo, que enarbolaron banderas de liberación.

En las páginas de “Marañón” Antonio Rojas Failoc difundió sus palabras de aliento a los avances del Chile de Salvador Allende. Admiró la opción antifranquista  de Pablo Picasso, quien plasmó su arte para denunciar los abusos y atrocidades del dictador español.

Antonio Rojas Failoc no militó ni perteneció a ningún partido político, su identificación fue con las batallas cotidianas, las penurias y la esperanza de los pueblos. Lamentablemente falleció en 1991 en plena madurez y cuando más podía haber aportado con su palabra y su esclarecido pensamiento.



(En la caricatura elaborada por Jorge Chávez S. “Charro”: a la derecha Antonio Rojas F. junto a su entrañable amigo, el poeta Jorge Izquierdo)



Email: jornach@hotmail.com

viernes, 6 de septiembre de 2013

GREGOR DÍAZ: A 80 AÑOS DE SU NACIMIENTO



Uno de los escritores más destacado de Celendín es Gregor Díaz Díaz que nació en Huacapampa, distrito de José Gálvez, el año 1933. Solía referirse a su estancia en la diáspora con estas palabras: “No bajé, me bajaron a Lima antes de cumplir dos años”.

En el Colegio  Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, sección nocturna, terminó la secundaria.

Inició sus estudios de teatro en la Escuela Nacional de Arte Escénico, en el Club de Teatro de Lima y los prosiguió en el Teatro Experimental de la Universidad de Chile.

Ha sido galardonado por la Asociación del Libro Americano, 1957, Santiago, Chile; Primer Premio Hebraica de Teatro 1968, con su obra Los del 4.Premio Nacional de Cultura (Dramaturgia) 1988.
Su producción teatral comprende las obras:La huelga,Los del 4, Sin ton ni son, El círculo de barro, Harina mundo, Cercados y cercadores, El buzón y el aire, Sitio al sitio y otras; que aún son vigentes y continúan siendo escenificadas.

Fue fundador del grupo Teatro Urbano.
El escritor y crítico literario francés Roland Forgues, hizo una extensa e interesante entrevista a Gregor, el año 1988 y está incluida en el libro Palabra viva. Hablan los dramaturgos.

Este extraordinario dramaturgo josegalvino falleció en Lima el año 2001. Difundir su obra literaria y su trayectoria es tarea pendiente de la intelectualidad celendina para el conocimiento del pueblo.

Una de sus importantes piezas teatrales es La huelga, la primera edición de esta fue publicada por la Editorial Causachun el año 1972; en aquella ocasión el poeta y docente universitario Winston Orrillo escribió estas palabras de introducción:

La huelga, pieza teatral de Gregor Díaz, vuele doblemente entre nosotros. Se repone en la escena peruana y se publica por la Editorial Causachun. Ambos acontecimientos hay que relevarlos.
La vuelta de La huelga a los escenarios es una demostración de su vigencia como obra de arte que responde a las necesidades de una época de crisis. Su publicación deviene importante para la Editorial que dirigimos porque con ella inicia su colección de Teatro y, además, porque esta es una obra profundamente comprometida con el hombre nuevo, escrita por un autor joven y ya definido por una estética realista, que es aquella por la que damos nuestro voto.

La huelga es la primera de las obras escritas por Gregor Díaz y, sin embargo, paradójicamente, es la última de las montadas. Piezas posteriores suyas son Los del 4 (puesta en escena e incluida en representación del Perú en la Antología del Teatro Selecto Contemporáneo Hispanoamericano, Tomo 1, Edit. Escelier, Madrid, 1971) y El círculo de barro (inédita).

Destacan en La Huelga numerosos valores entre los que subrayamos el manejo atinado del lenguaje popular. Los personajes de Gregor Díaz hablan con esa donosura y picardía que caracterizan a las clases populares a las que pertenecen.

En esta como en todas sus piezas destaca el tremendo impacto vivencial de sus personajes, ese hálito de vida cotidiana que las define.

Grégor Díaz con artistas de la Tv.
(Foto del autor)
La huelga narra el advenimiento de un conflicto sindical que lleva, a los obreros de construcción civil, a la paralización de labores. Alrededor de esta huelga, que se siente como atmósfera angustiante, se narra la vida de un grupo de obreros a través de escenas breves pero muy incisivas. Las reacciones de los proletarios peruanos frente al conflicto le sirven al autor para ofrecernos una atinada caracterización psico-social de cada uno de ellos.

La huelga, finalmente, hace subir, por primera vez a la escena a los obreros de construcción civil, al proletariado. Y eso es memorable.

Y por eso Causachun la pública, fraternalmente dirigida a todos los hombres nuevos del Perú y de América.

Winston Orrillo

Selección de notas e investigación por:
Jorge Horna 

Fotografía de Gregor D. con artistas de la Tv, tomado de:
http://espinademaram2.blogspot.com/

domingo, 1 de julio de 2012

Homenaje a la historia: CRÓNICA DEL HAMBRE VOLUNTARIO


Por Jorge Luis Roncal.

El año 1979, cuando la dictadura de Morales Bermúdez se jugaba los descuentos arrinconada por el pueblo en lucha contra el abuso y la opresión, 118 días de huelga de los maestros organizados en el SUTEP, articularon una movilización popular nacional sin precedentes, en donde florecieron la solidaridad, el coraje, el humor, la ternura y la poesía de las masas alzadas. Como parte del apoyo a la huelga, un piquete de escritores desarrolló una huelga de hambre, histórica manifestación de la toma de posición de los trabajadores de la palabra frente a la situación política del país, y antecedente del surgimiento, a continuación, del Frente de trabajadores de la Literatura, y un cuarto de siglo después, del Gremio de Escritores del Perú.

Primero fue un rumor, un decir, un pensar en voz alta entre los jóvenes escritores sanmarquinos y los profes. ¿Se podía ser indiferente a una huelga que llevaba ya más de dos meses y no se quebraba, a pesar ser apresados sus dirigentes y brutalmente reprimidos sus afiliados? “El Sutep, luchando / también está educando… En Costa, sierra y selva / la huelga es total… El trato con el Sutep / y no con los traidores…”. No decenas sino centenas de consignas de propaganda y educación, no millares sino miles de millares de “mosquitos” con pronunciamientos, comunicados, denuncias, poemas, canciones, tapizaban las calles peruanas durante la huelga, que lejos de debilitarse cada día que pasaba crecía, generaba mayor respaldo en sectores tradicionalmente “neutrales”, movilizaba a los espíritus más pasivos.

Más que una paralización era un clima, un estado de tensión que envolvía a todos los sectores sociales pero cuyo nervio era el contingente de maestros agrupados en su sindicato, a cuya cabeza, indiscutible, campechano, profesoral, diríase un niño grande, extraordinario orador, sagaz en la polémica y afilado en la ironía, estaba Horacio Zeballos.

Entonces, la palabra cedió paso a la acción y de los conversatorios de bares y café se pasó inmediatamente a la coordinación. Lluvia de ideas para ampliar el compromiso de los docentes y estudiantes, así como de los escritores amigos de otras facultades, para coordinar con los dirigentes del Sutep, para esbozar un plan operativo, para armar un equipo de propaganda… ¿De quién fue la iniciativa? Fuenteovejuna, maestro. ¿Qué interesa eso? Lo que interesa es el rastro de unanimidad que se abrió paso y cuajó de manera vertiginosa. El patio de letras, alegre, risueño, sin fronteras, el histórico patio de letras, escenario de mil polémicas entre las diversas vertientes de la izquierda en los 70 y 80, y de broncas interminables con la bufalería aprista de Pacheco Girón, fue el espacio apropiado para las idas y venidas, pasadas de voz, coordinaciones al paso en las cuales brotaban con mayor rapidez las ideas, las propuestas. (…)

Ni vuelta que darle: se trataba de construir ya el piquete de escritores que se declararían en huelga de hambre en apoyo al Sutep, la comisión de logística e infraestructura, la comisión de prensa y propaganda, la comisión de economía. Para todo ello entusiasmo y gente era lo que sobraba. Finalmente, se formó el piquete con los profesores sanmarquinos Hildebrando Pérez y Gregorio Martínez, y los estudiantes de literatura Chacho Martínez, Gonzalo Espino, Esteban Quiroz y este cronista.
(…)

La crónica completa está publicada en la revista de cultura Arteidea No. 15 de mayo 2012

Jorge Luis Roncal (Lima, 1955). Escritor, editor y miembro del Gremio de Escritores del Perú. Ha publicado los libros de poesía Discurso de las intenciones puras, Canción de la esperanza y Patria de la ternura, y el libro de reflexiones Hojas de hierba. Vida y milagros del libro y la lectura en el Perú. Integra el comité editorial de la revista Arteidea.

martes, 15 de febrero de 2011

Sucre: PINTURAS CON MÁS DE 70 AÑOS DE EXISTENCIA EN COMPLETO ABANDONO


Allá por los años de 1930, época de los arrieros, de ese ir y venir en sus afanes de negocio y trabajo hacia las distintas provincias aledañas y a lugares lejanos de nuestra Patria como: Chachapoyas, Moyobamba, Tarapoto e Iquitos; procedente de la Provincia de Huamachuco llegó al pueblo del Huauco Ildefonso Bobadilla Bobadilla de 35 años de edad, de ocupación pintor, aficionado a la fotografía ya otros quehaceres. Es así que al poco tiempo de estadía en el Huauco forma un hogar en unión con la señorita Cleofé Zegarra M. procreando un hijo a quien conocemos con el nombre de Alindor Bobadilla Zegarra.

Extraño a las costumbres del pueblo, el señor Ildefonso se dedicó a difundir su ocupación de pintor, empleando para esto material propio del lugar y combinando con las anilinas importadas de aquella época, empezó a dibujar y a pintar diferentes motivos netamente extranjeros en las paredes externas e internas de varias casas en el pueblo del Huauco. Muchas de estas pinturas han desaparecido, por el descuido, por el poco conocimiento del valor que encierran éstas, a la negligencia de parte de las autoridades y por la intemperie del tiempo; existiendo hasta la fecha y como recuerdo en dos casas: Una ubicada en la Av. 15 de mayo en donde vivieron cinco años hasta 1935, para luego ausentarse definitivamente, dejando en las paredes interiores de la sala pinturas de carácter religioso y paisajes con motivos extranjeros; y la otra ubicada entre los jirones Grau y Venecia N° 598, a dos cuadras de distancia de la Plaza de Armas, propiedad del que en vida fue el señor Samuel Silva Sánchez, comerciante, quien hizo pintar todas éstas con motivos extranjeros y que a sus 70 años de haber sido pintados por este artista no desmayan aún sus pinceladas de variados colores, más bien por la inclemencia del tiempo, por personas ajenas que lo deterioran, por el actual propietario y de parte de las autoridades que se muestran adversos, indiferentes y negligentes ante la Cultura; nos dirigimos al Comité "ASSILT" para que por intermedio de su Asociación se compre urgente SIETE micas dobles del tamaño de las pinturas (color blanco transparentes) y de esta manera evitar su deterioro, ya que estas pinturas son patrimonio de nuestro pueblo.
Atentamente,

Museo Cultural "NICHA" Sucre
De la revista La voz de la Quintilla, mayo 2006.

Nota: Cabe mencionar que el Sr. Bobadilla también plasmó sus pinturas en el barrio La Toma, precisamente en la casa de don Quintiliano Horna, muy cerca al primer molino de agua. En la actualidad, casa y molino, se encuentran derruidos.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Escenario: Declaración Internacional sobre los derechos de la Tierra



Así como la vida humana es considerada  única, ha llegado el tiempo de reconocer la singularidad de La Tierra.

La Madre Tierra nos sustenta: todos estamos ligados a ella, ella representa por tanto, la unión de todos los humanos para toda la vida.

La Tierra tiene una edad de 4 600 millones de años y es la cuna, el sitio de renovación y de metamorfosis de la vida. Su larga evolución, su lento ascenso a la madurez, ha conformado el ambiente natural en el cual vivimos.

Nuestra historia y la de La Tierra son inseparables. Sus orígenes son nuestros orígenes, su historia es nuestra historia y su futuro será nuestro futuro.

El aspecto de La Tierra, su peculiar naturaleza, es nuestro ambiente. Este ambiente es diferente, no sólo de aquel del pasado, sino también del futuro. Nosotros no somos sino los compañeros de La Tierra sin una causa final, nosotros somos pasajeros.

Como un viejo árbol conserva todos los registros de su crecimiento y vida, La Tierra retiene memorias de su pasado… Un registro inscrito tanto en sus profundidades como en la superficie, en las rocas y en los paisajes, un registro que puede ser leído y traducido.

Nosotros siempre hemos comprendido la necesidad de preservar nuestras memorias -es decir, nuestra herencia cultural. Ahora ha llegado el tiempo de proteger nuestra herencia natural, el ambiente. El pasado de la Tierra no es menos importante que aquel de la humanidad. Ya es tiempo de que aprendamos a cuidarlo, y al hacerlo, que conozcamos el pasado de La Tierra; que sepamos leer este libro que es nuestra herencia geológica, escrito antes del surgimiento del hombre.

Los Hombres y La Tierra compartimos una herencia común. Nosotros y nuestros gobernantes somos los custodios de esta herencia. Cada uno y toda la humanidad deberían comprender que la más mínima depredación mutila, destruye y conduce a pérdidas irreversibles. Cada forma de desarrollo debe respetar la singularidad de esta herencia.

Nosotros pedimos urgentemente a todas las autoridades nacionales e internacionales el pleno apoyo a la necesidad de tutelar el patrimonio de nuestra Tierra, y de protegerla con todas las medidas legales, financieras y organizativas que pudieran ser necesarias.

  
Digne, Francia, 13 de junio de 1991.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Ecología: A La vuelta de La Quina


Escribe Sergio Llerena

Raíces. Expedición a Cascarilla, el pueblo cajamarquino donde se lucha por salvar al árbol nacional

La especie que se luce en el escudo nacional puede estar en extinción, aunque ni eso puede afirmarse tajantemente, tal la falta de estudios existentes respecto a la quina. Sin embargo, es evidente que el árbol que alguna vez ganó fama mundial por paliar las fiebres mortales del paludismo -y que por ello fue elevado como orgullo mayor del reino vegetal patrio- está en peligrosa retirada. Un grupo de soñadores está decidido a sacar a la quina de las sombras, empezando con un proyecto de reforestación en un bosque perdido de Cajamarca.
 
Desde hace años, todos los domingos en la mañana, de manera puntual y ceremoniosa, la bandera peruana se levanta blanquirroja contra el cielo azul de Cascarilla. El escudo en el centro se deja ver a ratos entre los pliegues que forma el viento recio de este pueblo cajamarquino ubicado a 2.700 metros de altura: la cornucopia rebosante, la vicuña y ese árbol que la gran mayoría de peruanos solo hemos visto en figuritas, como a los hermanos Ayar o el flotante Naylamp. Por mucho tiempo ese mismo árbol pudo ser cualquiera de los muchos que crecen en el Bosque de Huamantanga, vecino de Cascarilla. Sin embargo, hace cinco años al escudo se le mira de una manera distinta en este pequeño pueblo a una hora de Jaén: ya se sabe que el árbol de la bandera es el mismo que ha venido creciendo en las áreas de cultivo circundantes, el mismo que por generaciones ha procurado cura efectiva contra la fiebre, los resfríos y los males reumáticos. Y también que se llama quina o cascarilla, igualito al pueblo. Dos nombres distintos para un solo orgullo.
 
VIAJE A LA SEMILLA

Al árbol de la quina nadie lo había identificado como tal en este pueblo hasta que, algo azarosamente, un grupo de entusiastas trujillanos se propuso preservar esta especie esquiva en los lugares donde aún se le pudiera encontrar. El tecnólogo médico Roque Rodríguez es el presidente de lo que se denomina el Instituto Nacional de Investigación de la Expedición Científica: por la Ruta del Árbol de la Quina, y hoy por hoy es casi un paisano más, un trujillano convertido en cascarillano por vocación. Roque Rodríguez alguna vez trabajó en el Servicio de Laboratorio del Hospital General de Jaén, ahí se encontraría por primera vez con el árbol que marcaría lo que ha asumido casi como una misión: "En el hospital, los pacientes con malaria -o paludismo- decían que se trataban con una planta amarga y que ellos preferían tomar eso en vez de las cápsulas que les recetaban, tan grandes que parecían hechas para pavos", cuenta entre risas.
Por curiosidad de científico, Rodríguez fue en busca del mentado árbol. Era el año 2005 y cuando estaba rumbo a San Ignacio, en la frontera con Ecuador, donde esperaba encontrar algún rastro de él, un curandero le comentó de la existencia de un pueblo donde le vendían una corteza amarga. Rodríguez enrumbó sus pasos y se encontró con el pueblo de Cascarilla, sin saber todavía que era uno de los pocos lugares en el Perú donde la escasa quina todavía se podía encontrar en su estado natural.

Cascarilla es el nombre con el cual los españoles bautizaron a esta planta medicinal -en quechua se le conoce como ccarachucchu-, que fue un milagro del Nuevo Mundo. De hecho, su nombre científico de cinchona se debe a la historia que cuenta que, en el siglo XVII, la esposa del virrey Luis Jerónimo de Cabrera y Bobadilla, Conde de la Chinchona, fue salvada del paludismo gracias a la ingestión de un macerado de esta planta. Este mismo brebaje, obtenido de la maceración de la corteza del árbol en aguardiente, es el que se sigue tomando en Cascarilla hasta el día de hoy. De hecho, por el nombre mismo del pueblo, Cascarilla -pueblo cafetalero con calles alfombradas de granos pelados que se secan al sol-tiene ganado el privilegio de ser una suerte de capital peruana de un árbol que alguna vez significó la esperanza mundial frente al otrora letal paludismo, y que se ganó su prestigio de símbolo patrio por ese mismo motivo, aun cuando ahora se encuentre casi en peligro de extinción y se le haya refundido en el olvido malamente.

SUEÑOS FEBRILES

La vida de los cascarillanos ha cambiado desde la llegada de la expedición científica de Trujillo. Con el descubrimiento de la presencia de la quina en lo que ellos denominan su Santuario -un bosque pequeño y tupido a dos horas a pie del pueblo-, muchos proyectos se han animado y algunos pocos logros se han alcanzado. Todo esto forma parte de un esfuerzo conjunto entre la expedición trujillana y los pobladores, mezcla de sueño y realidad. Roque Rodríguez se explaya en los pormenores de un futuro ideal: "En el Santuario de Cascarilla podemos encontrar hasta siete especies de cinchona, la mayor variedad que se puede hallar en el Perú en un solo lugar. Las hojas de la cinchona las queremos secar y pulverizar para hacer un mate filtrante de poderes antifebriles, también queremos elaborar amargo de angostura con la quina y llamarlo el Amargo del Inca para ponerlo en nuestro Pisco Sour, y queremos aprovechar los pequeños troncos de quina -que son tallos huecos- para elaborar quenas y antaras".
Todos estos proyectos alucinantes pasan por la implementación de una planta de proce­samiento en el mismo poblado de Cascarilla, donde se pueda producir quinina, el alcaloide usado en la industria farmacéutica para elaborar medicamentos contra el paludismo, por ejemplo, o en la elaboración de agua tónica y demás bebidas amargas similares. Según cálcu­los de la propia expedición científica, en el Perú se gastan cerca de 118 millones de soles anuales en el tratamiento de la malaria y, específicamente en medicamentos, cerca de 80 millones. La inversión en una planta de procesamiento para la cascarilla tendría un monto mucho menor y crearía una fuente de ingresos invaluable para la comunidad, además de significar un ahorro considerable para la economía del país. Todos estos sueños son los que alimentan los esfuerzos de un grupo de científicos y entusiastas que no reciben apoyo oficial, unos soñadores solitarios.

QUÉ VERDE ERA MI BOSQUE

Sin embargo, a pesar de la importante presencia de quina en las tierras de Cascarilla, la cantidad de árboles encontrados sigue siendo insuficiente. A decir de Joaquina Albán, bióloga del Museo de Historia Natural de Lima e investigadora del árbol de la quina, "aún no se puede decir que la quina esté en peligro de extinción, pues no se han realizado los estudios de campo necesarios sobre la cinchona. Pero sí creo que debería ponérsele en un estatus de mayor vigilancia para evitar la disminución de las poblaciones que ahora podemos encontrar".
Esa escasez, producto de la depredación y falta de conciencia, es la misma que lamentan los pobladores de Cascarilla, que han resuelto revertir tal situación con un incipiente programa de reforestación. Neptalí Fernández es cascarillano, tiene 36 años y con su machete va abriéndose paso entre la espesura del Santuario de Cascarilla. Allí, en un descanso bajo la sombra de un árbol de quina da 30 metros, dice: "Ahora gracias al colegio del pueblo algunos saben de la quina, pero la maya parte de los pobladores no lo conocíamos. Sabíamos que su madera era buena porque nuestros padres y abuelos la usaban para hacer sus casas, pero no que era una planta tan valiosa.  Imagine cómo nos sentimos de haber tenido bosques que ahora están depredados por gente que venía de la ciudad. Ahora tene­mos que reforestar". De hecho, la reforestación de quina en las tierras de Cascarilla ya empezó y se espera que no cese hasta alcanzar los 100 mil ejemplares, una meta que solo se podrá alcanzar con constancia y mucha paciencia. Igual, al Santuario de Cascarilla ya algunas empresas turísticas de Jaén lo están proponiendo como destino para ver en vivo nuestro símbolo patrio, además de avistar al gallito de las rocas y chapotear en sus arroyos con el fondo de la Catarata de la Momia, de más de 30 metros de altura.
Sea como pinte el futuro, en esta conexión Trujillo-Cascarilla, el Instituto Nacional de Investigación de la Expedición Científica por la Ruta del Árbol de la Quina, un conjunto multidisciplinario de 25 profesionales, se la está jugando por rescatar esta especie. Ya lograron la germinación de su semilla in vitro gracias al ingeniero Carlos Rodríguez, de la Universidad Nacional de Trujillo, y el ingeniero Fredy Leyton ha elaborado el primer champú de quina. También se han hecho plantaciones simbólicas en Trujillo y el Santuario Histórico de Machu Picchu, todo con la plata del propio bolsillo y sin pedir nada a cambio: "A Cascarilla vinimos por una planta de quina y eso es lo único que nos hemos llevado, todo lo que venga será para la gente de Cascarilla", concluye Roque Rodríguez sujetando un frágil brote de nuestro árbol entre sus broncas manos. *

Fotos Sebastián Castañeda.
Fuente: Semanario Somos.


viernes, 11 de junio de 2010

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Jacques Cousteau, legendario explorador de los mares

París (El Comercio / Agencias). Hasta que llegó Jacques-Yves Cousteau, el mar era un mundo tan desconocido como el espacio, antes de que se obtuviesen las primeras fotografías de Júpiter , Marte, Venus y Mercurio.

Con sus imágenes únicas de una vida submarina colorida y bizarra, este buzo de aguas profundas llevó “Los secretos del mar”—como tituló a una de sus series de televisión más famosas— a los cines y a millones de hogares. Desarrolló, entre otros, el Aqua Lung o pulmón acuático, un traje de buzo con cilindros de aire comprimido y cámaras fotográficas submarinas.

Con su gorro de lana rojo y su barco de investigación Calypso, Cousteau se convirtió en una leyenda y en símbolo de la lucha contra la depredación y contaminación de los océanos. Un día como hoy, 11 de junio, el campeón de los mares hubiese cumplido 100 años.

IMPORTANTE LEGADO

Cousteau, quien murió el 25 de junio de 1997 a los 87 años de infarto cardíaco, dejó como herencia una gran cantidad de libros y más de 100 documentales sobre un mundo submarino totalmente distinto al que conocemos hoy, debido al daño del hombre.

Él fue el primero que grabó los cantos de los rorcuales. Atunes, tiburones y ballenas, de quienes el investigador nacido en Burdeos tomó cientos de fotografías, están en la actualidad amenazados de extinción.

Junto con el austríaco Hans Hass, Cousteau fue uno de los primeros que filmó el mundo submarino. Entre uno de sus mayores éxitos figura la película “El mundo del silencio”, por la cual obtuvo en 1956 la codiciada Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes.

El entusiasmo inicial por el buceo despertó en Cousteau su amor por el mar, que lo convirtió en un protector del medio ambiente y visionario. “Vi cómo mueren los peces que yo amo. Busqué las causas. El hombre es culpable”, explicó Cousteau, para quien la tecnología no es la desgracia de la humanidad, sino las personas, que usan la tecnología.

En la Conferencia de la ONU sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, conocida más comúnmente como Cumbre de la Tierra, que se celebró en la ciudad brasileña de Río de Janeiro en 1992, fue el único que no era un político en la fotografía grupal de los jefes de Estado.

ARRIBA CALYPSO
Francine Cousteau, viuda del investigador, lucha en el año del centenario de su esposo para resucitar el que fue su barco insignia, el Calypso.

El barco, que toma su nombre de una ninfa de los mares de la mitología griega, naufragó en Singapur un año antes de la muerte de Cousteau (1910-1997), y desde entonces emprendió un tortuoso camino para convertirse en un museo del legado del comandante.

Entre tanto, su viuda y gestora de la Cousteau Society, ha intentado recaudar los cerca de 8 millones de euros que necesita para que el barco, al que se refiere como la torre Eiffel de los océanos, pueda volver a navegar y convertirse en un embajador de los mares.

Hasta ahora ha conseguido reunir cerca de la mitad del dinero necesario para esta enorme restauración, gracias a inversiones privadas, patrocinadores y donaciones particulares. “Desgraciadamente, nuestros amigos extranjeros han sido mucho más generosos” que Francia, lamentó la viuda, quien intenta desde hace tres meses que el Estado Francés clasifique el navío como patrimonio nacional para beneficiarse de subvenciones públicas que podrían rondar los dos millones de euros.

SEPA MÁS

Cousteau fue buzo y científico altamente dotado. En 1947 estableció un récord de inmersión al descender hasta los 90 metros.

Creó el primer “scooter” submarino y desarrolló cámaras fotográficas submarinas cada vez mejores.

Con 63 años fundó la Sociedad Cousteau , que se sigue ocupando en la actualidad de su legado: la preservación de la vida submarina.

LAS CIFRAS

1956 fue el año en que recibió la Palma de Oro en el festival de cine de Cannes por “El mundo del silencio”.

Más de 100 películas filmó Cousteau. En ellas creó patrones, como el prolongado ruido de la respiración de un buzo.

Fuente: Diario el Comercio, Lima, Perú
 

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