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miércoles, 4 de julio de 2012

Escenario: CELENDÍN TRAS LA BÚSQUEDA DE SU DESARROLLO

Por Tito Zegarra Marín.
Celendín es una de las 13 provincias que conforman el departamento de Cajamarca, ubicada al sur este del mismo e integrada en la actualidad por 12 distritos; su extensión territorial es de 2641.59 Km2, con una altitud que varía entre 1000 m. y 4200 m. s. n. m. y una temperatura promedio de 13. 7° C y 915 mm de precipitación pluvial; presenta una topografía severamente accidentada y, como veremos, mantiene una población con poco índice de crecimiento y mayoritariamente rural, amén de la particular y difícil situación socio - económica.

Sus características son diversas y variadas, pero entre aquellas de importancia y de interés para al presente estudio, están dos: la primera, referente a la situación física estratégica y privilegiada de la provincia, en tanto se constituye en única puerta de entrada a la Amazonía, viable y directa, para Cajamarca y las provincias que constituyen el bloque del sur del departamento, incluyendo Hualgayoc; y, la segunda, con relación a la realidad física e hídrica, la cual, aunque compleja y diversificada, es base principal para promover el desarrollo productivo. Precisamente, esa particular situación geográfica de nexo natural entre pueblos de las tres re­giones y la inquietud por conocer las potencialidades productivas de la provincia, motivaron la ejecución del presente trabajo.

BREVE REFERENCIA HISTÓRICA
Como todos los pueblos, Celendín tiene su historia, similar a muchos, pero con sus propias particularidades. Sus orígenes se remontan a la época preincaica. El escritor celendino Jorge Wilson Izquierdo, en la revista Orbita No. 2, anota que el actual valle de la ciudad, fue una laguna llamada Hananchanconcha (culebra de laguna o espejo del dios Inti), la misma que desapareció por el norte rumbo al río la Llanga bajando por Pallac, debido a un hundimiento terráqueo que dejó una hermosa explanada entre colinas al oeste del río Marañón. Durante el incario peruano a esa planicie, dentro del área de los caxamallcas, se la conoció con el nombre de Hananchampampa donde, posteriormente tuvo asiento la comarca Llamadín, alrededor del cual se formaron otros cinco casicazgos: Chumuch, Chimuch, Huauco, Oxamarca y Sorochuco.

En la época del descubrimiento y conquista, el aventurero español Hernando de Mori Alvarado se adueña de Llamadín convirtiéndolo en hacienda en 1550, la que pronto fue ocupada por vascos, portugueses y judíos. Esta hacienda compró Melchora Vergara, con el nombre de hacienda Chilindrín, pasando después a la administración de Juan José de Chuquivala como propiedad del monasterio Inmaculada Concepción, cuyo nombre adoptó la hacienda, construyéndose la iglesia Purísima Concepción en su honor. Hacia 1741, en todo el ámbito provincial existían cinco haciendas como las más importantes cercanas a la futura ciudad, estas fueron: Pallán, Jerez, Zelendín, Las Guayabas y Tincat. Los principales centros poblados, comunidades y distritos hoy existentes son, de una u otra manera, expresión inequívoca de la existencia de esas haciendas, de las relaciones socio productivas que se dieron al interior de ellas, cuya matriz lo constituyeron los núcleos familiares y conglomerados sociales sometidos y diseminados por diferentes espacios más o menos favorables a la vida en común.

Celendín, como ciudad, tiene también su propia e interesante historia que se traslada al siglo XVIII. El estudioso celendino, sociólogo Wilder Sánchez Sánchez, al respecto, en la Revista El Labrador No 10, nos dice lo siguiente: en 1782 el entonces Obispo de Trujillo, don Baltazar Jaime Martínez de Compañón, realizó una visita a la ciudad de Chachapoyas y, a su paso por la hacienda de Zelendín, aconsejó a los moradores de origen español afincados en ella, comprarla para cons­tituir una población de españoles. Fue así como el 23 de junio de 1785 aquellos moradores iniciaron los trámites oficiales para adquirir no sólo la hacienda de Zelendín, sino también las de Llanguat, Sisnalla y Santa Catalina, que eran anexas a la de Zelendín. Por aquél entonces los trámites eran muy engorrosos y pasaban por muchas instancias. Pero entre los acontecimientos más importantes de la tramitación estuvieron las diligencias de deslinde y tasación de las referidas haciendas, para lo cual Martínez de Compañón nombró como Juez Comisionado a don Miguel Antonio de Iglesia y Merino que ostentaba los cargos de Abogado de la Real Academia de Lima y Examinador Sinodal del Obispado de Trujillo, entre otros. Otro hecho jurídico de trascendencia fue el acto de remate de las haciendas, y, el más importante el acto de posesión a los interesados.

Concluidos los trámites y diligencias de deslinde, con fecha 6 de setiembre de 1793, se llevó a cabo el acto de posesión de la hacienda de Zelendín, Llanguat y Sisnalla (Sypnaya). A partir de esa fecha y como aún no se encontraban concluidos los trámites de compra, se apresuraron los mismos, donde jugó papel importante el cura José Cavello, gestionando moratoria o ampliación del plazo de pago por la hacienda, planificándose al mismo tiempo el establecimiento de una nueva población llamada Amalia de Zelendín, cuyo expediente de creación, con la aprobación del Obispo Martínez de Compañón, fue elevado a la corona española, solicitándole se le otorgue el título de ciudad o villa. Con fecha 19 de diciembre de 1802, el Rey Carlos IV, aprobó la creación de Celendín concediéndole el título solicitado.

Así nació la ciudad de Celendín. Fruto del esfuerzo organizado de sus pobladores aborígenes, españoles e indígenas, planificada rigurosamente en su estructura espacial urbana, con gran visión de futuro. Como provincia, integrante del departamento de Cajamarca, fue creada por Ley, el 30 de septiembre de 1862.

DESARROLLO E INSTITUCIONES LOCALES EN CELENDÍN
El desarrollo local o provincial, en el marco conceptual del presente trabajo, es el proceso a través del cual y como primera prioridad debe promoverse decididamente la producción de bienes y servicios, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la población asentada en un ámbito geográfico. Mejorar la calidad de vida implica, a su vez: incremento de los niveles de ingreso y ocupación de la población local, mejora notoria en los estándares de alimentación, incremento de la cobertura y calidad de los servicios y mejora substancial de la educación, entre otros.

B. Caravedo, señala que: "el desarrollo en un ámbito local es una cuestión que requiere de vínculos positivos o alianzas entre los diversos sujetos sociales que caracterizan el ámbito local. No es ni responsabilidad exclusiva de las instancias de gobierno, ni responsabilidad exclusiva de la sociedad civil organizada. Es una responsabilidad compartida" (Baltasar Caravedo. "Desarrollo Social y Desarrollo Local" En: Descentralización Ahora, ASODEL, Cajamarca, 1998, p. 57.)

En base a estas dos premisas: el desarrollo productivo y sus actores, es que, desde hace algunos años, venimos reflexionando sobre la posibilidad de encontrar nuevos mecanismos y me­dios que desde una nueva óptica contribuyan a apoyar el desarrollo de la provincia de Celendín, sobre todo, cuando constata­mos que la municipalidad provincial y las distritales, han concentrado muchos de sus esfuerzos y accionar en el objetivo de alcanzar el despegue físico de sus localidades, desatendiendo e incluso relegando aquello que para nosotros es vital: la capacidad productiva de los mismos. Por eso, es de urgencia encontrar, sino nuevas, por lo menos mejores ideas y estrategias a las cuales recurrir para, ojalá, ver a nuestra provincia en otras condiciones que permitan crecer no sólo físicamente sino, en lo más esencial, productivamente.

Estas reflexiones surgen, pues, a propósito de que se está observando que muestras instituciones municipales en los últimos tiempos están dedicados, se puede decir en forma prioritaria, a poner en ejecución interesantes programas de mejoramiento infraestructural y a apoyar algunos proyectos con esas características. Realidades éstas que evidentemente son bienvenidas y obedecen a justificadas expectativas de la población y a la lógica racional de sus actores, se presentan como obras y acciones eminentemente pragmáticas de gran aceptación social y apuntan a remozar los soportes urbanos, proyectando imágenes de ciudades relativamente adelantadas.

Sin embargo, el rostro físico no es lo único ni lo fundamental. Es importante sí, y obviamente expresa cierto nivel de progreso de una ciudad, pero detrás de esta realidad, se encuentra otra que pareciera olvidada o ignorada: se trata, del grave problema socio económico, en especial la pobreza extrema y la carencia de fuentes de trabajo, con sus inevitables consecuencias: alta desnutrición infantil, elevado índice de analfabetismo, agudo problema migracional, carencia de servicios básicos para la gran mayoría de la población, agudización de pro­blemas sociales y otras.

Como se ha hecho público, el departamento de Cajamarca, de acuerdo al mapa de pobreza elaborado por Foncodes, 2000, ocupa el segundo lugar como departamento muy pobre del país, con un índice de pobreza del 51.1 % (el primer lugar lo ocupa Huancavelica) y, a nivel provincial, Celendín, ocupa el puesto 43, en el estrato de muy pobres, de un total de 194 provincias, Bolívar ocupa el puesto 5, Cajamarca, el 116 y Chachapoyas, el 120.

En el siguiente cuadro, N° 04, sobre indicadores de la provincia de Celendín, llama la atención que el índice absoluto de pobreza sea del orden del 54 %, lo que quiere decir que de cada 100 personas, 54 se encuentran en situación de muy pobres y el índice de desnutrición llega al 40% (39.99 %). Se observa igualmente que contamos con distritos en extrema pobreza: Chumuch, Miguel Iglesias y Pallán, los restantes se encuentran en condición de muy pobres y pobres. Se puede leer que existe déficit de atención en salud (78. 39 % de la población no atendida), en servicios básicos, sin desagüe (82.65%), sin electricidad (87, 18%), etc.

Es necesario anotar también que en la provincia existe un distrito que registra desnutrición superior al 50 %, se trata del distrito de Chumuch, situación realmente delicada. Igual, en las provincias del espacio regional aludido existen distritos en condiciones parecidas, como se puede observar a continuación.

De igual manera, por ser de interés y constituir datos oficiales, aunque han sido obtenidos hace casi 10 años, pero no por ello dejan de tener valor, consignamos algunos indicadores proporcionados por el INEI, Cajamarca.

Es evidente que proponerse a enfrentar esta realidad, en mucho, escapa o está más allá de las posibilidades de darle solución vía autoridades e instituciones locales. Nos encontramos ante una problemática que afecta e incumbe al país en su conjunto, cuyas formas de darle solución tienen que ver más con las políticas de Estado que con las acciones que interna o localmente se programen y ejecuten. En la medida que estas políticas y decisiones estén encaminadas a corregir la situación de país atrasado o subdesarrollado, en el marco de una sociedad democrática, igualitaria y de justicia social, los pequeños pueblos estarán en mejores condiciones de superar muchos de sus problemas.

Lo expresado, sin embargo, desde ningún punto de vista exime de responsabilidad a instituciones y dirigentes que están al frente de sus pueblos. Ante una situación como la mencionada, es de urgencia y quizá imprescindible, asumir nuevas posiciones para procurar revertir en algo esa difícil y penosa realidad social, propiciando, al mismo tiempo, mejores y efectivas formas de desarrollo. Se nos dirá, y es cierto, que nuestras instituciones en su labor cotidiana están sujetas y se orientan conforme a normas y planificaciones, y que, a lo sumo, su aporte en este terreno tiene un carácter indirecto a través de trabajos temporales en una u otra obra física o la prestación de algunos servicios. Sin embargo, urge redefinir roles, evaluar prioridades, reflexionar sobre las tradicionales formas de concebir el desarrollo, de tal manera que, con imaginación, creatividad y firmeza, se afronte tan dramática situación. Por ello, podemos decir, que se tiene ante sí una responsabilidad ética e histórica que linda con el bienestar y la vida de quiénes le dan razón de ser a los espacios socios geográficos.

En este sentido, corresponde también, a las instituciones y autoridades locales el grave e ineludible compromiso de encausar, directa e indirectamente, los destinos de sus colectividades hacia mejores formas y calidad de vida. Entre estas instituciones están, en primer lugar: la Municipalidad Provincial al lado de todas las Municipalidades Distritales, los sectores representativos del Estado: Agricultura, Educación y Salud, las organizaciones mixtas y privadas como: PRONAMACHS y las ONGs, la Iglesia y otras or­ganizaciones sociales y gremiales. La mayoría de ellas, deben redefinir sus roles y parte importante de sus planes de trabajo, enmarcados dentro de esa nueva concepción para, solo así, abordar y dar solución a la problemática socio -económica de sus pueblos.

TESIS CENTRAL SOBRE EL DESARROLLO DE CELENDÍN
En virtud a lo explicado, las ideas aquí expuestas tienen ese propósito: reflexionar sobre dicha realidad, a la espera de que sirvan para un mejor análisis y comprensión de situaciones y problemas comunes. La tesis propuesta se sustenta en lo siguiente:

La provincia de Celendín, al igual que muchas otras, para desarrollarse y consecuentemente mejorar la calidad de vida de su población tiene que concentrar todos sus esfuerzos en el objetivo de convertirse en zona eminentemente productiva; lo que significa, promover decididamente toda acción y medida orientada a la producción de bienes y servicios para, de esa manera, servirse de ellos y servir económicamente a los pueblos de su entorno, como paso inevitable en su desarrollo.

En consonancia con esta tesis se puede afirmar que pueblo que no produce o que no tiene posibilidades de generar riqueza está condenado a estancarse o a languidecer. Sólo la opción de crear riqueza o, lo que es lo mismo, la capacidad de producir materialmente, es garantía y base para que objetivamente se pueda dar el desarrollo. Pero producir es un proceso complejo y difícil que se da entre muchas variables y circunstancias contextuales del país y que exige mucha imaginación, decisión y apoyo institucional. Implica, movilizar un conjunto de medios para, aprovechando los pocos recursos naturales que se tiene, no sólo mejorar la poca capacidad productiva, sino también generar nuevas fuentes productivas, de tal manera que se amplíen las posibilidades de ingreso familiar, la cobertura ocupacional y de trabajo y, como consecuencia, se tienda progresivamente a satisfacer necesidades básicas como la alimentación, educación y salud.

Potenciar la producción significa, igualmente, producir no sólo para el autosostenimiento o autoconsumo familiar sino, para incursionar agresivamente en el mercado local, regional y nacional, vía clave y única en el proceso de captación de ingresos, indispensables en la gran empresa de cambiar substantivamente la situación socioeconómica de nuestros pueblos. Producir, en estos términos, es igual a desarrollo.

La presente tesis, precisamente, se basa en esos conceptos por lo qué, explicarla y sustentarla desde mi particular concepción de concebir el desarrollo, obliga en primer lugar, conocer y analizar los principales factores estructurales físicos y económicos sobre los que se desarrolla la vida social y productiva de la provincia, como elementos claves para la producción y recursos base para la formulación de los ejes estratégicos de desarrollo. Veamos a cada uno de ellos.

De libro Cajamarca – Celendín, Tras la ruta de su regionalización y desarrollo.

lunes, 4 de junio de 2012

Extractos: EL SAUCO

Por Dr. Juan Zegarra Chávez.

CAPITULO I

1. UBICACIÓN Y LÍMITES 
El fundo "El Sauco" se encuentra ubicado en las alturas del distrito de Sucre. Precisamente, en las Jalcas del Caserío Calconga. Es un apéndice de más o menos 174 hectáreas, con 6,400 metros cuadrados de superficie, que resultó sobrante de la venta de los fundos, de mayor extensión, llamados: "San Juan de Tincat" y "Sumbat", los que, a la vez, habían sido parte integrante de la más extensa hacienda del Norte del Perú llamada "Polloc", perteneciente al conocido latifundista y político, MANUEL CACHO SOUSA, quien, con anterioridad, vendió los citados fundos a don David Reyna y a don Hildebrando Aliaga Zavaleta, respectivamente.

Los límites o linderos del fundo están determinados de la siguiente manera: La confluencia del rio "Pachachaca" con el riachuelo que baja de Vigas; sube por el curso del riachuelo hasta la "Peña Gris", situado en la orilla izquierda del riachuelo, en la base del cerro "Gentil" y frente al cerro "Incaico"; de la mencionada "Peña Gris", por la izquierda, en línea recta sigue hasta la cúspide del cerro "Incaico"; de dicha cúspide, en línea recta, sigue al poyo "Hueco Verde", donde existe una vertiente de agua; de dicho poyo, en línea recta, hasta la quebrada "Grande"; sigue, pasando el llamado "Morrito Solo", partido por una quebradita que desemboca de la quebrada "Grande" y sigue hasta encontrar el río que baja de Pachachaca y siguiendo por este río hasta encontrar el Tingo o confluencia del riachuelo Vigas, punto de partida.

2. LA DONACIÓN
La correspondiente donación se formalizó notarialmente en la ciudad de Lima, con el otorgamiento de la Escritura Pública respectiva, ante el Notario, doctor Miguel A. Córdova, de fecha 2 de noviembre de 1951.

En la donación intervino el Dr. Nazario Chávez Aliaga, en mérito del poder por Escritura Pública que le otorgó el Concejo, ante el Notario Público de Celendín, señor Aurelio Bazán Peralta, con fecha, 14 de Junio de 1951.

Con motivo de la festividad religiosa en honor de San Isidro, patrón del pueblo de Sucre, visitaron la ciudad una nutrida comitiva de parlamentarios cajamarquinos, al parecer, invitados por el Dr. Nazario Chávez Aliaga, hijo ilustre de Sucre, entonces, diputado de la Provincia de Cutervo. Esto, sucedió el 15 de mayo de 1951. Entre los visitantes estaba el Senador de la República, don Manuel Cacho Sousa.

Fueron recibidos muy calurosamente y declarados huéspedes ilustres. Pero, el senador fue abrumado de vítores y aplausos y como respuesta a tan cálido afecto anunció al pueblo, que donaba al Concejo Distrital de Sucre, aquel remanente de tierras que los paisanos conocían con el nombre de "El Sauco"; pero cuyo nombre no se menciona en la escritura pública de donación.

Debemos precisar, que la Escritura Pública de Donación no fue inscrita en los Registros de la Propiedad Inmueble de Cajamarca, seguramente, por descuido del Concejo.

Después de 40 años de producida, recién se inscribe como Primera de Dominio, el 19 de Setiembre de 1991, en forma ilegal, como se apreciará más adelante.

Pero, a esa fecha, la Dirección General de Reforma Agraria, ya tenía inscrito el dominio del predio a su nombre, al igual que, los otros fundos de propiedad del Concejo, como consecuencia de la aplicación de la Ley de Reforma Agraria, como lo explicaremos más adelante, al comentar el proceso judicial de expropiación.

3. EL USUFRUCTO DEL FUNDO
Indudablemente, el ingreso del fundo donado al patrimonio de la Municipalidad de Sucre constituyó un importante aporte a la economía municipal. Sin embargo, faltó iniciativa o imaginación para explotarlo con visión de futuro. Al contrario, se limitaron en darlo en arrendamiento por largo plazo, conforme las disposiciones de la Ley o Digesto Municipal. Es decir, en remate o subasta pública de postores.

En la revista anual, "El Labrador", de la "Asociación Sucrense en Cajamarca", N°01, de Mayo de 1992, el profesor, Gutemberg Aliaga Zegarra, afirma en su artículo titulado: "El Sauco, Hito Histórico de un Pueblo", página 27, que el primer arrendatario fue el señor Hildebrando Aliaga Zavaleta, luego siguió don Clodomiro Aliaga Sánchez, cuyo contrato venció a fines de Diciembre de 1962.

El tercer y último arrendamiento es ganado por don Eligio Chávez Chávez, para el periodo de 1963 a 1972; pero, casi de inmediato, con conocimiento y asentimiento del Concejo, el arriendo pasó a los menores, Félix Alberto Aliaga Chávez y Pedro Chávez García, con la garantía del propio Eligio Chávez Chávez y de don Teobaldo Chávez, pagando la merced conductiva de 15,000 soles oro, anuales.

Estos dos jóvenes, acostumbrados a los trabajos rudos del campo y al rigor del frío de las jalcas, empezaron a trabajar el fundo llenos de fe y esperanza de triunfar. Y así sucedió. Lo primero que hicieron fue dividir el predio, en dos parcelas y cada uno eligió la suya.- Luego, con su laboriosidad y sacrificio, asumieron el reto de convertir a sus parcelas en centros de producción agrícola y lechera. Y, lo lograron.

Por su parte, Félix Aliaga Chávez, en unión con sus hermanos: Segundo Nemesio y Roger Aliaga Chávez, fomentaron una importante ganadería de lidia de pura casta, con el nombre de "San Isidro", con divisa inscrita y reconocida por la Asociación Nacional de Criadores de Ganado de Lidia del Perú. Para tal cometido compraron cincuenta vaquillonas de vientre y un semental de la ex famosa ganadería "La Pauca", llegando a tener ciento treinta astados bravos, que fueron toreados, no sólo, en las ferias taurinas en honor a San Isidro Labrador, sino también, en las plazas de Celendín, del distrito de Jesús, en Cajamarca, e inclusive, en la Plaza de Acho de Lima.- En las ferias taurinas de Sucre participaron como toreros "Señoritos", Segundo Nemesio Aliaga Chávez y su hermano Roger, quien lo hacía a caballo, imitando la "Suerte Nacional".

Al término del contrato — diciembre de 1972 — el Alcalde de entonces, don Porfirio Reyna Aliaga no pudo sacar a nuevo remate el arrendamiento del fundo por cuanto lo prohibía la Ley de Reforma Agraria y Asentamiento Rural, N°17716.

Los Notarios Públicos, por mandato de la citada ley, no podían autorizar escrituras públicas de arrendamientos de predios rústicos, que era la forma exigida para los predios de propiedad de las municipalidades.

Frente a esta situación, el Concejo convocó a los conductores del fundo a una Sesión de Cabildo, para decidir lo que mejor convenía. El Alcalde era consciente, que la Ley de Reforma Agraria favorecía a los arrendatarios, como beneficiarios de la misma. El acuerdo al que arribaron fue: Que ellos continuaban con el fundo, pagando 25000 soles oro anuales, hasta cuando la Dirección General de Reforma Agraria decida si son o no calificados como beneficiarios de la Reforma Agraria, firmándose un contrato privado, que quedó guardado en la Municipalidad, según la versión de Félix Alberto Aliaga Chávez. Según la misma persona, los arriendos fueron pagados hasta el año de 1977, mediante pagos trimestrales.

Del libro Cuando los Jueces Prevaricaron, Dr. Juan Zegarra Chávez, Págs. 13 al 19.


lunes, 22 de agosto de 2011

Escenario: LA VÍA DE PENETRACIÓN AL ORIENTE PERUANO POR CELENDÍN - BALZAS



Por Tito Zegarra Marín.

Es indudable que el motor o eje central de este proyecto regional y de las posibilidades de impulsar nuestro desarrollo, lo consti­tuye la carretera de penetración a la selva peruana vía Celendín – Balzas, con sus dos entradas: la primera que se dirige de Celendín a Balzas y Chachapoyas y de aquí a Rioja, Moyobamba, Tarapoto y Yurimaguas en el departamento de San Martín; y, la segunda, Celendín a Balzas y Bolívar y de aquí (en proyección) a Juanjuí, en el mencionado departamento.

Retomar este gran proyecto debe ser, en ese sentido, objetivo central dentro de las gestiones y planes institucionales, rigurosamente sustentado y definido, y para nosotros, dentro del abanico de obras proyectadas, con prioridad número uno. Lamentablemente, dentro de los diversos proyectos de desarrollo sobre Cajamarca, en especial en el Plan Maestro de Desarrollo Regional al 2010, elaborado por el Consejo Transitorio de Administración Regional, CTAR, de esta ciudad, se obvia olímpicamente el mencionado proyecto y tangencialmente se lo toca con fines complementarios en el campo turístico. Aún así, es de esperar que nuevas luces y nuevas mentes lleguen a las instancias de gobierno cajamarquino para, más pronto que tarde, comprender la urgencia de esta obra y asumir firme­mente su realización.

Cuando ello suceda, necesariamente se tendrá que recurrir a esos nuevos sustentos sobre nuestra integración y a nuevos criterios técnicos y socio - económicos para dotarle a esta importante ruta, de las condiciones y características indispensables a fin de constituirla en una entrada a la Amazonía peruana, verdaderamente útil y altamente promisoria. En este sentido, al retornarla, se tiene que hacer nuevos estudios que impliquen mejoramiento sus­tantivo en su estructura, en algunos casos, replanteándola en su trazo original, buscando no sólo integrar pueblos sino, incursionar por zonas altamente productivas que, evidentemente, las hay, amén de convertirla en una ruta moderna, optimizada en sus servicios, similar a todas aquellas vías de penetración a la selva. Igualmente, se tiene que apoyar decididamente la carretera de Bolívar hacia Juanjuí, que a la fecha se encuentra sólo en proyecto, a la espera de su financiamiento.

Al respecto, es necesario aclarar que la actual carretera que nos conduce de Balzas a Chachapoyas y Bolívar, pareciera que se pla­nificó y construyó sin acudir a indispensables criterios técnicos y económicos, atendiendo, más bien, a intereses personales de antiguos gamonales y medianos propietarios, en su afán de hacerla ingresar a sus reductos y localidades de su preferencia, por lo que, en muchos casos, se extendió su recorrido innecesariamente, se abusó de un sin número de curvas y no se tuvo en cuenta la necesidad de pasar por zonas productivas.

La gran vía de entrada a la Amazonía, como columna vertebral del espacio regional aludido, debe abarcar las principales localidades que se indica y tener el siguiente curso: se inicia en la provincia de Pacasmayo como importante puerto costeño a repotenciarse en el departamento de La Libertad; de aquí, se dirige a Cajamarca pasando por el largo y fructífero valle del Jequetepeque, desde cuyo trayecto y de la ciudad capital, se interconecta con las provincias del sur y centro del departamento y los principales valles y localidades que los rodean; continúa a la provincia de Celendín, atravesando pequeños valles interandinos dedicados a la producción lechera y la agricultura; de aquí, avanza hacia la localidad de Balzas en el departamento de Amazonas, cruzando el imponente puente denominado Chacanto sobre el río Marañón.

De esta estratégica localidad de Balzas, un ramal se dirige a la provincia de Bolívar en el departamento de La Libertad, atravesando el fértil valle del río Púsac y el centro poblado del mismo nombre, así como San Vicente y Longotea, para luego arribar a la localidad de Bolívar, como capital de la provincia del mismo nombre. Esta provincia, que, de paso, nadie explica convincentemente por qué llegó a incluirse en el departamento de La Libertad, es co­nocida por su importante producción agrícola y ganadera, no obstante, es urgente anotar que, de acuerdo al Mapa de Pobreza Provincial elaborado por Foncodes, 2000, ocupa el quinto lugar en el estrato de extrema pobreza, situación realmente grave y de urgente preocupación y tratamiento. Al margen de esta situación, está llamada a convertirse en puente de entrada a la ciudadela de Cajamarquilla, gran patrimonio histórico, recientemente descubierto y de inmenso valor nacional y, lo más fundamental, como se ha indicado, debe constituirse en cabecera de entrada a la región selvática colindante con su territorio: los potenciales y poco explora­dos valles selváticos del Jepelache y Huallabamba en la provincia de Juanjuí, departamento de San Martín.

El otro ramal, como vía principal de entrada a Chachapoyas, parte también de Balzas e inicia su ascenso por los estribos y contrafuertes de la cordillera central, cruzándola por el paraje denominado "Calla - Calla", a 3,500 m. s. n. m; cuyos terrenos y áreas de relativa capacidad productiva están dedicados a la pequeña agricultura y la cría de ganado criollo; luego desciende hasta la localidad de Leymebamba, zona de importante potencial agrícola y ganadero, y punto de embarque para visitar, a través de precarios caminos de herradura, a la misteriosa laguna conocida como "Los Cóndores", rodeada de un conjunto de momias de gran valor histórico, al Gran Vilaya, como inmenso complejo de casas pétreas y, en dirección a la provincia de Luya, al lugar conocido como Karajía con sus impresionantes sarcófagos; de igual manera, en Leymebamba se encuentra el importante Museo de Sitio con más de dos mil piezas arqueológicas.

De la localidad de Leymebamba, se continúa por el extenso valle del río Utcubamba, conectando centros poblados y productivos del propio valle y de las zonas altas, para luego arribar a la localidad denominada de El Tingo, de la cual, un ramal nos conduce a la portentosa fortaleza de Kuélap como reducto maravilloso de los antiguos sachapuyos. La carretera troncal continúa su recorrido a orillas del río Utcubamba, una variante se dirige a la ciudad de Chachapoyas y de aquí, a la promisoria provincia de Rodríguez de Mendoza con proyección a Rioja, vía la localidad de Soritor; y la otra, nos conduce al distrito de Pedro Ruiz donde converge la carretera que viene de Chiclayo, para, a partir de allí, utilizar la misma ruta con dirección a la Amazonía: Nuevo Cajamarca, Rioja, Moyobamba, Tarapoto y Yurimaguas, entre los lugares más importantes.
Río Marañón, Hornopampa, carretera Celendín-Chachapoyas.

Pero esta importante red vial, reiteramos, requiere de nuevos estudios técnicos y socio – económicos, de tal forma que se le dé una mejor orientación, con nuevos trazos que acortando distancias buscan unir pueblos y zonas altamente productivas, evitando atravesar zonas agrestes de evidente peligro físico. En este sentido, existen algunas obras de poco costo que se pueden realizar en forma inmediata, es el caso de la esperada construcción de un corto tramo de carretera de más o menos 4 Km. de distancia, entre el caserío de Macas en el distrito de Jorge Chávez y El Limón en el distrito El Utco, a la altura del paraje conocido como Ayacunga; con lo cual, la ruta a seguir para trasladarse de Celendín a Balzas, tendría que hacerse, en condiciones mucho más favorables, utilizando la carretera a José Gálvez hasta la localidad de Macas y de aquí, fácilmente empalmar, a través del tramo de carretera a construirse por la abra indicada, a una de las curvas de la carretera que desciende a Balzas por terrenos de El Limón. De esta manera, no sólo se evitaría subir la improductiva gradiente de Jelig y atravesar las peligrosas caídas del cerro denominado Brasil Mayo, sino que se obtendría significativo ahorro de aproximadamente 20 minutos y 10 Km. de distancia.
Algunos estudiosos señalan que otra opción o alternativa a esta variante de acortamiento y mejora de la carretera es la construcción de un gran túnel que partiendo de la localidad de Santa Rosa (extremo este del valle de Celendín), atraviese el cerro Jelig y desemboque a las alturas de El Limón. Sería una obra realmente interesante y portentosa, pero de alto costo y al parecer inviable a mediano plazo.

El descenso por el caserío del El Limón al puente Chacanto sobre el río Marañón, en Balzas, requiere, de igual forma, de nuevos estudios, con la finalidad de suprimir algunas innecesarias curvas. Si a corto plazo, se llevara a cabo la construcción del ramal mencionado y se hicieran los necesarios reajustes en el trazo, es factible que de 55 Km. que actualmente separan a Celendín de Balzas, sobradamente se reduciría a un máximo de 45.

De Balzas a Leymebamba, sobre todo desde el lugar conocido como Hornopampa hasta voltear la cordillera central con dirección al valle del Utcubamba, también se requiere de nuevos estudios que hagan posible ejecutar algunos reajustes en su recorrido, principalmente para dotarle de mayor fluidez y transitabilidad y, a futuro, proyectar su rumbo a través de zonas productivas, como son el valle Cocabamba y el distrito de Santo Tomás. De igual manera, con relación a la carretera que une Balzas con Bolívar, no obstante lo accidentado del territorio, la distancia que los separa sin ser larga, requiere de reajustes en su trazo y ensanchamiento en la mayor parte, procurando vincularse con el altamente productivo distrito de Uchumarca.

Río Marañon, valle de Pusac, vista desde La Punta Grande..
Existen otras zonas críticas, en lo que a infraestructura vial se refiere, a lo largo de esta carretera de penetración a la amazona que, progresivamente, debe ser motivo de estudios y mejoras como así se hizo con la otra carretera de penetración Mientras tanto, reiteramos que la entrada vía Balzas, es la ruta de carácter transversal y regionalista que, por su función integracionista y su enorme utilidad para la capital cajamarquina, se la tiene que reimpulsar. Lo que importa a última hora es el beneficio directo. Si algún rato logra cristalizarse, ade­cuadamente asfaltada, tengamos la firme seguridad que estaremos ingresando a otra etapa en la senda de nuestro desarrollo. No importan los años perdidos, es hora de mirar al oriente peruano.

Esta gran vía, además de lo indicado, permite reforzar ese gran circuito turístico de carácter regional que recorre los departamentos de Cajamarca, Amazonas y Lambayeque, el más importante del norte del país, que permite visitar y conocer centros arqueológicos e históricos, escenarios naturales y paisajistas, valles y ciudades de indudable atracción turística. El recorrido o itinerario de este circuito turístico, partiendo de Lima – Trujillo, permite conocer los siguientes puntos, entre los más resaltantes:

1. Cuenca del río Jequetepeque, a partir de Pacasmayo.
2. Laguna de Gallito Ciego en la localidad de Tembladera.
3. Los restos históricos de Kunturwasi, en la provincia de San Pablo.
4. Cajamarca y su riqueza paisajista y arqueológica.
5. Celendín y la sobria planificación de su casco urbano.
6. El paso del río Marañón en la localidad de Balzas.
7. La ciudadela arqueológica de Cajamarquilla (variante a Bolívar).
8. El gran Museo de sitio y la misteriosa laguna Los Cóndores en Leymebamba.
9. La majestuosa fortaleza de Kuélap, en Luya, Amazonas.
10. Chachapoyas, ciudad de los balcones y las orquídeas.
11. La imponente laguna de Pomacochas (variante de Pedro Ruiz).
12. Los extensos y productivos valles de la cuenca del río Utcubamba.
13. La cálida y productiva ciudad de Jaén.
14. El valle de Olmos y sus algarrobos.
15. Chiclayo y sus valiosos museos (punto de llegada, o también de inicio)

Del libro Cajamarca – Celendín, tras las rutas de su regionalización y desarrollo.

sábado, 11 de junio de 2011

Relatos al paso: EL TORDO


Por Gutemberg Aliaga Zegarra.
1
POR el perímetro del mercado se escuchaba el bullicio cotidiano de la gente. Voces altisonantes anunciaban productos de pan llevar. Pasos perdidos deambulaban de un lado al otro. Y en una esquina, gente agolpada alrededor de un desgarbado joven de piel cetrina, ensortijado pelo y hablar entrecortado, escuchaba embelesada el ofrecimiento de su mercancía.

— ¡El loro cabeza roja, veinte soles, es de los habladores!
— Los canarios, treinta la parejita. ¡Ah...!, los tordos, dos por quince; pero... vaya usted a escuchar el silbar maravillo­so de estos animales.

Aquellos tordos de color negro azabache estaban muy inquietos. Saltaban desesperados tratando de escapar a su cruel encierro. Nunca habían visto tanta gente a su alrede­dor, ni habían escuchado gritos histéricos por querer llevarles a otro calvario. Allá en su mundo, en su hábitat natural, la paz y la libertad era algo sublime, un regalo de Dios. Volaban por las sementeras extendiendo las alas en un rezo matinal, atisbando de hito en hito, iban en pos del alimento para su prole. Suyo era el aire, el agua y la roca. No termina­ban de comprender la forma tan inocente cómo habían caído en la trampa puesta intencionadamente por la mano del hombre, y que hoy les ponía en subasta pública como si fuesen cualquier objeto.

—        Diez soles por la pareja de tordos — propuse.
—        No, amigo, quince y llévela — respondió enfáticamen­te —. Si se mueren le doy otra — sentenció.

Ante tal propuesta y con el deseo de poner a buen recaudo a los animalitos: ¡Los llevo! — exclamé.

2
UN día de espléndido sol, sorprendí en mi hogar a la pareja de tordos en jaula nueva, y, de un momento a otro, el florido jardín donde orgulloso se erguía el frondoso limone­ro, contorneado de rosas de múltiples colores y azucenas, albergaba a extraños y bullangueros visitantes.

Por unos días aparentaban tranquilidad, pero había momentos en que con sus débiles e inofensivos picos corvos querían romper los barrotes de alambre para volar en el vasto espacio celestial, como lo hacía por las tardes el ágil colibrí sustrayendo el néctar de las blancas rosas, cuando el sol agonizaba.

Una voz tenue, pero serena, me alertó humanamente.

— Padre, por favor — resonó una voz en mis oídos—, Dios da vida a los seres de este mundo, a los pajaritos; alas para volar y ser libres para disfrutar la bonanza de la natura­leza. No creo estar en lo correcto, al traer a estos indefensos tordos a sufrir un cautiverio injusto; pronto morirán y eso no está bien.

—Yo los alimentaré, les daré protección, cuidado y cariño — contesté a la firme interpelación.
— ¿De qué libertad hablamos, hija mía?, si en este mundo se aparenta ser libre y se está más que un preso enclaustrado, encarcelado en nuestras propias pasiones, en un mundo lleno de injusticias. Estos animalitos, en el mundo que habitan, también aparentan tener libertad; pero los seres "racionales" los persiguen con armas de fuego, hondas y tirajebes. Tal vez en esta jaula, que no es una cárcel, puedan gozar de algunos halagos y cariños, hasta que el Todopoderoso lo determine.

3
PASÓ el tiempo en raudo vuelo y una mañana de inolvidable primavera, en el interior de la jaula, con los ojitos vidriosos y en dirección al cielo, los dos animalitos estaban yertos. Su ciclo de vida había llegado a su final.

Un hálito de tristeza invadió mi ser, con el único consue­lo de que les había brindado cariño y amor. Cogí una pala y, haciendo un hueco en el santo suelo, sepulté a mis tordos queridos, no sin antes rezar una oración.

Del libro Avatares y relatos al paso.

viernes, 25 de marzo de 2011

Escenario: CAJAMARCA FRENTE A SU REGIONALIZACIÓN Y DESARROLLO


Por Tito Zegarra Marín.

CONSIDERACIONES PREVIAS
Las ideas aquí expuestas tienen su origen en dos vertientes: la primera, relacionada con el casi solitario convencimiento de que Cajamarca, como capital departamental, ha hecho virtual abandono de su integración socio - económica e histórica para, en desmedro de sus propios intereses, acoplarse al polo de desarrollo económico representado por Chiclayo y las provincias del norte de nuestro departamento; y, la segunda, complementaria de la primera, está relacionada con algunas reflexiones que surgieron a raíz del debate que en la década del 80, se produjo en torno a la regionalización en el país, en especial al tocar la situación de Cajamarca, donde se dio la oportunidad de consolidar el presente enfoque referente a que en nuestra conformación regional debemos volver a mirar al oriente peruano como espacio natural de integración, al margen de la intangibilidad territorial del departamento y otros factores.

Estos puntos de vista, por cierto, reflejan de alguna manera el problema de la regionalización en el país, aún irresuelto y de inevitable encrucijada a futuro, sobre todo en lo referente a su conformación espacial. Lamentablemente en nuestro país, descentralizar y transferir poder económico y político a las provincias e integrarlas en regiones no es, ni será, tarea fácil. Alcanzarlo, ha de exigir, de los procesos sociales y de la dinámica propia del desarrollo de los pueblos, mayor claridad de ideas y contundencia en sus decisiones para, sólo así, garantizar un proceso descentralista efectivamente viable, de aceptación compartida y motor del desarrollo. Al mismo tiempo, en la temática regional, sabemos que priman fuertes intereses hegemónicos de las ciudades consideradas como polos de desarrollo y algunos inconsistentes criterios de carácter subjetivista que traban un proceso serio y técnico de descentralización. El diseño y organización del mapa regional se constituye así, en un verdadero escollo y centro de disputas difícil de superar.

Por ello, estas ideas, expuestas en lo medular a manera de tesis, tienen ese objetivo: reflexionar y alentar el debate no sólo con relación al futuro de Cajamarca en el proceso de su conformación regional, sino a las posibilidades de impulsar su desarrollo a partir de sus reales vinculaciones con las diversas provincias a las que estuvo histórica y económicamente ligada. Son indudablemente polémicas y escapan a moldes, aparentemente lógicos, de conceptuar la regionalización. No son nuevas, pero sí, buscan y fomentan una construcción regional diferente a la que en algunos momentos políticos se nos quiso imponer.

TESIS CENTRAL SOBRE EL DESARROLLO E INTEGRACIÓN REGIONAL DE CAJAMARCA
La presente tesis sobre la temática del impulso al desarrollo y regionalización de Cajamarca tiene la particularidad de pensar en voz alta sobre los intereses y el futuro de Cajamarca y las provincias del sur del departamento, incluido Hualgayoc, desde aquella óptica, que, fundamentalmente, gira en torno al convencimiento de que en el logro de los propósitos en mención, el afán integracionista y de intangibilidad del departamento, es sencillamente inconsistente e inviable por lo que, hacemos mal en sujetarnos a ella. Se expresa en lo siguiente:

El impulso al proceso de desarrollo de Cajamarca y las posibilidades de que ésta se articule y convierta en región sólida y estable, está en relación directa a la forma como se integre a aquellas provincias con las cuales ha mantenido y mantiene efectiva vinculación geográfica, económica y socio – cultural, al margen de su adscripción departamental.

Significa ello, que Cajamarca como realidad provincial, para progresivamente impulsar y alcanzar su desarrollo y paralelamente luchar por su conversión en región autónoma y fuerte tiene que, como primera prioridad, reforzar e incrementar sus relaciones con aquellas provincias que, independientemente de que pertenezcan a uno u otro departamento, constituyen espacios socio - económicos de carácter imprescindible en su vinculación, de las cuales, se sirve económicamente y a las cuales también tiene que servir en los mismos términos.

En este sentido, es que planteamos que en forma prioritaria y con toda decisión nos sobrepongamos al falso prurito de la integración departamental o de la intangibilidad del mapa cajamarquino para, límites geográficos aparte, unirnos y trabajar, si fuera posible en exclusividad, con aquellos pueblos y provincias que, siendo o no cajamarquinos, nos necesitamos mutuamente. Lamentablemente, desde la creación política del departamento, las diversas acciones de impulso a su desarrollo y las ideas vertidas sobre regionalización, han sido pocas y todas ellas a partir y teniendo como eje central la demarcación política provincial y departamental. Estrategia ésta, que no obstante los años transcurridos, en el fondo, sólo ha servido para favorecer a algunas de ellas y sujetarse a nuevos poderes, y, consecuentemente, retardar o frenar, en diversos aspectos, la marcha de Cajamarca en su desarrollo e integración
Telar artesanal, Pusac, panoramio foto de KmrojasA
Es momento que se tenga en cuenta que los procesos de inte­gración de los pueblos no se sustentan u obedecen a los buenos deseos o sentimientos de quienes quisieran ver una región a su manera, menos a la imposición legalista de las líneas divisorias que teóricamente separan a provincias y departamentos, y, de ninguna manera, a la tentación forzada e interesada de las esferas del poder político. Ello, fundamentalmente, obedece a que existen razones geográficas, históricas y socio – económicas, a través de las cuales los pueblos se han integrado en unidades más amplias y coherentes; y si bien, los adelantos en el campo de las comunicaciones les está dando mejor apertura, no por ello pierden o enervan aquellos lazos que mutuamente comprometen relaciones beneficiosas e intercambios dentro del marco de la reciprocidad.

Queda claro, entonces, que las provincias con las que se propicia la constitución de una unidad física y básicamente económica y social en el contexto de la necesaria regionalización, lo constituyen todas aquellas que mantienen vínculos e intereses reales, sin importar su pertenencia a otros departamentos. Aquí radica la parte medular de nuestra tesis, que en otros términos significaría borrar imaginariamente nuestra demarcación política como departamento y delinear una nueva demarcación regional que categóricamente responda a los directos intereses de nuestra provincia, donde lo que importa es aquél espacio grande que nos permita no sólo integrarnos, sino contribuir a nuestro desarrollo y donde, por cierto, no caben o son inconsistentes viejas añoranzas sobre nuestra intangibilidad territorial como departamento.

Proponer y fundamentar la presente tesis requiere, entre otros análisis, de aquél que nos permita precisar y conocer los ejes bási­cos sobre los que sustenta esta opción de integración y desarrollo que, resumidamente, son los que a continuación se indica.

EJES CENTRALES DE INTEGRACIÓN REGIONAL
Las regiones como unidades amplias de vida compartida siempre han existido. Su constitución nunca ha estado sujeta a decisiones políticas, deseos interesados y presiones de grupos de poder. Desde tiempos pretéritos, éstas se han formado siguiendo el cauce natural de su crecimiento y desarrollo en el marco de una gran comunidad territorial donde, necesariamente, han tenido que intervenir factores que le han dado sustento, organización y funcionalidad como ejes básicos que, fundamentalmente, tienen que ver con la realidad física, productiva e histórica.

Estudiar y conocer esos ejes, rescatando su importancia, y, a partir de allí, entender nuestras posibilidades de integración regional, es otra tarea a cumplirse, como paso previo y necesario para la elaboración de un proyecto de envergadura regional. Se considera a tres ejes como los más significativos que intervienen en la composición de la red regional, a los cuales, sucintamente, se hace referencia.

EJE DE CARÁCTER FÍSICO
Nuestra área territorial, a través de sus diversos pisos ecológicos, nos permite contar con pequeños y amplios espacios físicos que hacen posible el desarrollo de la vida en comunidad y de la necesaria y variada producción para el sostenimiento y crecimiento de la misma. Muchos de ellos, se encuentran dotados de condiciones físicas y orgánicas favorables, cuyas características y potencial dependen de la región natural y piso en el que se ubiquen; en forma genérica, están constituidos por pequeños, medianos y grandes valles, planicies y laderas sobre los cuales se asientan los diversos conglomerados sociales.
Río marañon, panoramio foto de kmrojasa
 En la parte jalca o puna, sobre los 3,000 metros de altura del nivel del mar, encontramos cadenas de montañas, cerros entre grandes y pequeños, laderas y planicies, mayoritariamente regadas por el agua de las lluvias; en la zona quechua, de clima templado, tenemos diversidad de valles, multiplicidad de pendientes, colinas y pampas regadas algunas de ellas por aguas de los pocos ríos que la recorren; también se tiene abundantes cerros mayormente rocosos; y en la zona yunga, extensos y pequeños valles, laderas y contrafuertes que caen hacia el cauce de los ríos y múltiples picachos y quebradas. Todos ellos, como importantes y variados espacios naturales incrustados en los diversos pisos ecológicos.

Pero estos espacios, convertidos en fuentes de vida y producción gracias a la intervención de la mano del hombre, se concadenan y tienden a relacionarse unos a otros, fundamentalmente por razones de inmediatez, de necesidad de intercambio mutuo y de exigencias de la propia dinámica social. En la sierra, por lo accidentado de su territorio, los diversos espacios no son homogéneos; se encuentran fuertemente separados unos de otros, en algunos casos, con brechas casi insalvables de comunicación, por lo que las relaciones entre ellos obedecen a factores naturales de accesibilidad y a la necesidad de encontrar cauces de intercambio favorables.

De esta manera, los espacios topográficos se constituyen en un importante eje físico que, a la par que van a permitir un creciente desarrollo productivo, van a favorecer una adecuada conexión e interrelación entre los diversos grupos poblacionales que se extienden en esos territorios, garantizando de ese modo y hasta cierto límite, algunas formas de vida estables, sostenidas por el motor de la producción.

Todas las provincias y pueblos del país, al forjar su espacio regional, necesariamente se sustentan sobre las bondades físicas de los espacios en los que viven. El espacio de integración física de Cajamarca, de acuerdo a antecedentes históricos, ha comprendido una extensa área de carácter transversal que, partiendo de la provincia de Pacasmayo, abarcó a Cajamarca, Celendín y Chachapoyas y de allí, al oriente peruano; comprendiendo también, como es de suponer, a las provincias del sur del departamento.

Esta gran área regional tuvo la virtud de integrar en forma directa a espacios diversos que, iniciándose en la región costa como salida al mar en la provincia de Pacasmayo, integraba a la productiva cuenca del río Jequetepeque, los diversos valles interandinos en las provincias del centro y sur de Cajamarca, la cuenca del río Marañón en la parte colindante con el departamento de Amazonas, la extensa cuenca del río Utcubamba hasta la altura del distrito de Pedro Ruiz, los valles de entrada a la Amazonía como los de Rioja y Rodríguez de Mendoza y las cuencas de la propia selva amazónica en el departamento de San Martín. Sobre este gran corredor se organizó el gran circuito de carácter económico – comercial que, en su momento, dieron vitalidad y presencia a esta región. Físicamente, el eje que permitió articular e impulsar formas superiores de vida y desarrollo fue precisamente el mencionado.

En los últimos años, el asombroso avance científico y tecnológico, en especial en el campo de las comunicaciones, como la electrónica, la telefonía, Internet, y otros, está impulsando el nece­sario acercamiento entre los pueblos. En menor medida, los servicios de carreteras se expanden y mejoran, en especial la construcción de la carretera panamericana a lo largo de toda la costa y sus entradas a la sierra con proyección a la Amazonía, de tal manera que se tiende a superar progresivamente algunas formas de barreras físicas, la interconexión es fortalecida y el intercambio comercial es más fluido. Pero todo ello, sin apartarse y teniendo como médula central de articulación a dichos espacios, en su condición de realidades vinculantes.

Es el caso del espacio la provincia de Bolívar que, perteneciendo al departamento de la Libertad, no guarda ningún vínculo con la capital Trujillana, tampoco, con las provincias de ese departamento. Por el contrario, desde todo punto de vista se encuentra ligada a la red espacial que lo constituyen Celendín y Cajamarca.

EJE DE CARÁCTER ECONÓMICO
Los pueblos viven y se desarrollan, fundamentalmente, en razón de su capacidad de producción. Mientras mayor sea la producción y productividad, mayores serán las posibilidades de crecimiento y bienestar de los mismos. Pero la capacidad productiva de los pueblos se encuentra sujeta a varios factores, internos y externos. Dentro de estos últimos están los centros comerciales o mercados a los cuales tiene que recurrir para ofertar sus productos y realizar acciones de intercambio. De allí la necesidad de encontrarse vinculados estrechamente a los pueblos de su entorno, para servirlos productivamente, pero también para servirse de ellos.

En este sentido, la producción de bienes y los flujos comerciales que se dan entre los espacios sociales de una región, sirven, en primera instancia, a ellos mismos; son de utilidad directa y generan justificados intereses comunes; de tal manera que se establece una suerte de puentes económicos que le dan fluidez y efectividad a sus relaciones. Estas capacidades productivas de los pueblos y las posibilidades de intercambio conforman lo que se denomina el eje económico de integración. No es posible articular a pueblos y micro regiones sino está de por medio dicho eje, de tal forma que el nexo económico es condición "sine qua non" para alentar una región funcional. Es por ello, que los pueblos por su propia historia y teniendo como base a las premisas señaladas, han trazado sus propios límites regionales, a los cuales por ningún motivo podemos obviarlos.

En nuestro caso, el flujo productivo y comercial hasta los años de 1940, se dio dentro de ese gran circuito que, partiendo de Pacasmayo comprendió a Cajamarca, Celendín y las provincias del sur para luego, cruzando el río Marañón en el sitio Balzas, integrar a las provincias de Bolívar, Chachapoyas, Bongará, Luya, Rodríguez de Mendoza, Rioja y Moyobamaba, entre las más importantes. Esta fue, pues, el engranaje natural a través de la cual se desarrollaron diversas relaciones, básicamente económicas, pero también socia­les, administrativas y culturales.

Las líneas económicas que comercialmente se movilizaron fueron múltiples: productos industriales y acabados (abarrotes, herramientas, tejidos, etc.) de ida, y productos agrícolas, pecuarios, ganado, y otros, de retorno. El intercambio comercial en ese sentido y no obstante las limitaciones materiales y logísticas fue significativo y promisorio. Para tal efecto, se instauró como modalidad de transporte inherente al proceso comercial la actividad conocida como "arrieraje" a través de las cual, personas contratadas para tal fin conocidas como arrieros, se encargaban del traslado de los diversos productos procedentes de la costa, vía Pacasmayo, y adquiridos en las ciudades de Chilete o Cajamarca hacia el oriente peruano, utilizando como medios de carga a grupos de acémilas, en especial mular y caballar.
Arrieros de la Villa del Huauco
 La conducción y responsabilidad de dicha actividad estuvo a cargo, o bien de los propios comerciantes, de sus familiares directos y en, otros casos, de sus representantes que eran personas de su confianza. Movilizaron entre 20 y 30 acémilas como medio de carga y entre 3 a 6 arrieros como personal contratado, no menos de 4 personas por viaje dispuestas siempre a auxiliare y apoyarse entre sí. El tiempo que se utilizaba para el transporte de los productos fue de 8 a 10 días desde Cajamarca hasta la ciudad de Chachapoyas y tiempo similar para el retorno. Los puntos intermedios de descanso y aprovisionamiento cuando se salía de Chilete o Cajamarca fueron Sucre y Celendín. Al reiniciarse el viaje se utilizaba la siguiente ruta: El Limón, Huilca (pasando Balzas), Jinez (bordeando la cordillera central), Pomacochas y Chilla (en las pendientes del río Utcubamba) y Chachapoyas; de aquí, a las otras provincias. La misma ruta, con ligeras variantes, para el retorno.

Por lo general los arrieros fueron gente fuerte y curtida con capacidad para sobreponerse a las adversidades materiales y de tiempo del viaje, jóvenes y adultos y todos del sexo masculino; la participación de las mujeres fue esporádica y en casos especiales acom­pañando, como esposas o convivientes, a algunos arrieros que pensaban quedarse a trabajar y organizar su vida familiar en cualquiera de los lugares indicados. Se sabe de decenas de personas y jefes de familia en su mayoría de Celendín, Sucre, José Gálvez, Jorge Chávez y Cajamarca que participaron de dicha actividad.

En Celendín, según varios testimonios, se han destacado como arrieros connotados: Salomón Mori Sánchez, Felipe Silva y Buenaventura Ortiz, éste último, dueño de alrededor de 50 mulas. En Sucre, fueron muchas las personas que se dedicaron al arrieraje como oficio principal del cual vivieron, algunas de ellas, con más suerte y dedicación, llegaron a ser exitosos hombres de empresa.

Fueron pues, muchas familias, aventureras y típicos comerciantes, formadas en el arrieraje que llegaron a establecerse en forma definitiva como empresarios exitosos en las ciudades de Chachapoyas, Rodríguez de Mendoza, Bongará, Luya y Bolívar, entre otras; todos ellos como prósperos comerciantes, ganaderos y dueños de empresas de servicios. El siguiente cuadro, N° 01, nos proporciona datos sobre los principales hijos de Celendín que se establecieron en los lugares indicados antes de la década de los 50.

Cuadro N° 01
PRINCIPALES CELENDINOS ESTABLECIDOS EN CHACHAPOYAS
Y OTRAS PROVINCIAS, ANTES DE LOS AÑOS DE 1950
Procedencia
Nombre y apellidos
Destino
Actividad
Celendín
Pedro Pablo Gil Merino
Chachapoyas
Comercio
Celendín
Manuel Muñoz Chacón
Chachapoyas
Comercio
Celendín
Buenaventura Ortiz Zárate
Chachapoyas
Comercio
Sucre
José Chávez Díaz
Chachapoyas
Comercio
Sucre
José David Reyna Rojas
Chachapoyas
Comercio
Sucre
Hildebrando Aliaga Zavaleta
Chachapoyas
Com.y trans.
Sucre
Jesús Rojas Torres
Bongará
Com. y ganad.
José Gálvez
Manuel Chávez Díaz
Chachapoyas
Ganadería
José Gálvez
Cristian Mori Horna
Luya
Com. y ganad.
José Gálvez
Cecilio Sánchez Díaz
Luya (Lamud)
Comercio
Jorge Chávez
Mercelino Carrascal Zelada
Luya (Lamud)
Comercio
Jorge Chávez
Familia Silva Zelada
R. de Mendoza
Com.y agric.
Jorge Chávez
Alejandro y Oscar Silva
Pedro Ruiz
Com. y serv.
Jorge Chávez
Clodomiro Zelada
Pomacochas
Ganadería
Jorge Chávez
Sabino Silva Zelada
Santo Tomás
Ganadería
Fuente: elaboración del autor, año 2002

De igual manera, a la provincia de Bolívar han emigrado varias familias celendinas, entre ellas la familia Silva y Zelada, dedicadas con éxito a la ganadería y comercio.

En la ciudad de Cajamarca, en ese entonces y como resultado del creciente intercambio comercial, se establecieron empresas comerciales realmente grandes y dinámicas que abastecían con toda clase productos a la mencionada región. Se recuerda entre ellas a la casa comercial GRACE, CUNCE, MILME, Tejada Becerra y otras. En la provincia de Celendín, igualmente, existieron importantes centros comerciales desde los cuáles se remitía los productos co­merciales, destacándose entre ellos, al distinguido hombre de empresa de talla internacional, don Augusto G. Gil Velásquez, que abastecía con maquinaria y herramientas diversas con su nombre grabado como logotipo, tejidos ingleses, añil y anilinas importadas; César Chávez Montoya ( ferretería); Porfirio Díaz Carranza (telas); Gustavo Inga Quevedo (cueros y suelas); Francisco Silva Horna (abarrotes); Víctor Camacho Marín (telas y útiles de escritorio); Juana Muñoz Chacón (abarrotes); Julio Merino Bazán (licorería); Dolores Rojas (caramelos y jarabes) entre otros. En Sucre: don Leucadio Díaz Chávez y Samuel Silva Sánchez (abarrotes).

De retorno, el intercambio comercial en ese momento dio lugar para que se trajese a Celendín y Cajamarca, entre otros productos: cueros de ganado vacuno, sal conocida como "chacha" para el ganado, paja toquilla, ganado vacuno y lanar para el mercado, madera, productos agrícolas y frutales, aguardiente y chancaca.

Lamentablemente, este importante circuito económico, como se analizará más adelante, quedó prácticamente trunco o, si se quiere olvidado, debido a diversos factores que tienen que ver con la concepción de desarrollo y regionalización que se manejaba desde la capital cajamarquina, indecisiones y falta de firmeza política y la construcción de la carretera panamericana con nuevas vías de penetración a la Amazonía. A lo que hay que añadir el consecuente e intempestivo cambio de uso de la acémila como medio de transporte por el vehículo motorizado que definitivamente cambió el sistema de transportes donde, las regiones que apuraron la construcción de sus vías, se vieron ampliamente favorecidas. En este nuevo contexto, nuestro otrora dinámico espacio de intercambio económico y de carácter transversal, se vio severamente afectado.

Sin embargo, y a pesar de las nuevas condiciones y algunos factores adversos, aún mantenemos algunos vínculos en especial económicos con la mencionada región. Así, en la actualidad, seguimos adquiriendo y alimentándonos de algunos de sus productos, de Moyobamba y Rodríguez de Mendoza recibimos madera tipo cedro, naranjas, piñas, paltas, chancaca, aguardiente, etc., de Nuevo Cajamarca y Rioja: arroz, polvillo, paja toquilla, frutales; de las provincias de Luya, Chachapoyas y Bolívar: ganado, en especial, vacuno y lanar, productos agrícolas: papa, maíz, arvejas, yucas, camote e interesante variedad de frutales y hortalizas. Estos pro­ductos abastecen no sólo los mercados de Celendín, Cajamarca y localidades intermedias, sino, a través de esta vía, son trasladados a los mercados de Trujillo y Chiclayo.

EJE SOCIO CULTURAL
Es evidente que los pueblos tienden a unirse, fundamentalmente, porque entre ellos existen intereses económicos compartidos en el marco de un espacio físico accesible. Simultáneamente, germinan a su interior lazos socio - culturales que refuerzan pro­gresivamente las relaciones interpersonales, en función a la interconexión de factores económicos y espaciales. Es así cómo crecen y se desarrollan raíces históricas comunes y formas de identidad cultural, cada vez más estrechas y de necesario apoyo al desarrollo de los mismos. Socialmente, se amplía este tejido produciéndose interesantes interrelaciones familiares y grupales a partir de intereses comunes tanto en el campo de la productividad y de servicios.

En este sentido, muchas de nuestras expresiones culturales, valores e identidad son compartidas por colectividades que se extienden por ese gran espacio regional señalado. Por historia se sabe que nuestros primeros antepasados que se aglutinaron en las culturas de los caxamarcas, marañones y sachapuyos, mantuvieron importantes relaciones de intercambio productivo, cooperación social y defensa, aunque en muchos momentos se tornaron conflictivos y de enfrentamiento. Fruto de estas relaciones lo constituyen los valiosos restos históricos, de notoria similitud entre ellos, ubicados, entre los más importantes, en el lugar conocido como La Chocta, distrito de Oxamarca, provincia de Celendín, las ruinas de Uchumarca, en el distrito del mismo nombre, provincia de Bolívar, y los valiosos restos históricos en los distritos de Luya y Chachapoyas. Daniel Quiroz Amayo, reconocido estudioso de la geología e historia de la provincia, nos hace notar en la revista El Labrador N° 11, la similitud que existe entre las construcciones internas de la fortaleza de Kuelap y las ruinas ubicadas en el lugar conocido como La Lechuga, parte alta del distrito de Sucre.
Restos arquelógicos La Lechuga
 Durante la gesta de la independencia, este gran espacio facilitó formas de comunicación entre Cajamarca y Chachapoyas, a efectos de organizar la resistencia contra el avance de las fuerzas realistas; algunos combatientes que ofrendaron su sangre y vida en la histórica batalla de Higos Urco (localidad ubicada en las puertas de la ciudad de Chachapoyas) fueron hijos vinculados a esta parte territorial. Posteriormente, como se ha señalado, en el período de la república hasta mediados del siglo pasado, grupos importantes de familias salieron de Cajamarca, en especial de Celendín, hacia las provincias que se ha mencionado; y, en las últimas décadas se ha producido un considerable desplazamiento de gente de la zona rural de Cajamarca y las provincias del sur, hacia zonas de ceja de selva y selva alta de Rodríguez de Mendoza, Rioja, Moyobamba y Tarapoto, entre otras, motivados y a la espera de nuevas posibilidades de trabajo, dentro del programa conocido como colonización.

Pero las relaciones entre estos pueblos que indudablemente se acentuaron por el factor económico comercial, se dieron también en otros campos, basta con señalar dos casos significativos: al crearse la Corte Superior de Justicia de Cajamarca en enero de 1862, tuvo jurisdicción sobre el departamento de Amazonas y el Dr. José Toribio Casanova López, ilustre jurista, educador y político Cajamarquino, llegó a desempeñarse como juez de primera instancia en la provincia de Luya del mencionado departamento. El otro caso es referente al destacado y preclaro militar General EP José del Carmen Marín Arista, creador del Centro de Altos Estudios Militares (CAEM) hoy Centro de Altos Estudios Nacionales ( CAEN) y profesor de la Universidad Nacional de Ingeniería, entre otros méritos, el mismo que, siendo hijo natural de la provincia de Rodríguez de Mendoza (Amazonas), tuvo raíces celendinas. Su padre, don Marcelino Marín Camacho, fue del distrito de José Gálvez y su esposa, doña Cirila Marín Obrith, fue hija del distrito de Sucre; lo cual explica las estrechas relaciones familiares y sociales que también se dieron en ese entonces.
Adjunto una foto del recuerdo, en la que están Alejandrina Marin Obrith,( cargando una bebe, no sabemos identificar hasta hoy ) luego el hermano de mi madre Antonio Marin Arista con sombrero, mi madre al centro Hemina Marin Arista 1que abraza a mi hermanan   mayor niña Leonor Zegarra Marin , luego a la derecha mi tía Noemi  Marin, no se reconoce al señor de al lado. (Fotografía: Cortesía de Adner Yzquierdo Marin)
Es importante, de igual manera, reiterar que a raíz del intensivo intercambio comercial, muchas familias, mayormente celendinas, se instalaron en forma definitiva en las ciudades mencionadas, integrándose social y culturalmente a estas nuevas realidades, por cierto, sin perder sus vínculos con sus lugares de origen, pero sí, interviniendo activamente en su desarrollo y representando, en muchos casos, a la comunidad de los lugares en los que se afincaron. Hoy en día, el flujo social y cultural más importante se da a través de jóvenes profesionales, en especial de educadores que, en forma significativa, se encuentran laborando por diversas localidades de este gran espacio regional. Es importante destacar que el actual alcalde de Chachapoyas, Leonardo Rojas Sánchez, es hijo celendino (Sucre).

Del libro Cajamarca - Celendín, Tras la Ruta de su regionalización y desarrollo, 2002.
 

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