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viernes, 25 de marzo de 2011

Escenario: CAJAMARCA FRENTE A SU REGIONALIZACIÓN Y DESARROLLO


Por Tito Zegarra Marín.

CONSIDERACIONES PREVIAS
Las ideas aquí expuestas tienen su origen en dos vertientes: la primera, relacionada con el casi solitario convencimiento de que Cajamarca, como capital departamental, ha hecho virtual abandono de su integración socio - económica e histórica para, en desmedro de sus propios intereses, acoplarse al polo de desarrollo económico representado por Chiclayo y las provincias del norte de nuestro departamento; y, la segunda, complementaria de la primera, está relacionada con algunas reflexiones que surgieron a raíz del debate que en la década del 80, se produjo en torno a la regionalización en el país, en especial al tocar la situación de Cajamarca, donde se dio la oportunidad de consolidar el presente enfoque referente a que en nuestra conformación regional debemos volver a mirar al oriente peruano como espacio natural de integración, al margen de la intangibilidad territorial del departamento y otros factores.

Estos puntos de vista, por cierto, reflejan de alguna manera el problema de la regionalización en el país, aún irresuelto y de inevitable encrucijada a futuro, sobre todo en lo referente a su conformación espacial. Lamentablemente en nuestro país, descentralizar y transferir poder económico y político a las provincias e integrarlas en regiones no es, ni será, tarea fácil. Alcanzarlo, ha de exigir, de los procesos sociales y de la dinámica propia del desarrollo de los pueblos, mayor claridad de ideas y contundencia en sus decisiones para, sólo así, garantizar un proceso descentralista efectivamente viable, de aceptación compartida y motor del desarrollo. Al mismo tiempo, en la temática regional, sabemos que priman fuertes intereses hegemónicos de las ciudades consideradas como polos de desarrollo y algunos inconsistentes criterios de carácter subjetivista que traban un proceso serio y técnico de descentralización. El diseño y organización del mapa regional se constituye así, en un verdadero escollo y centro de disputas difícil de superar.

Por ello, estas ideas, expuestas en lo medular a manera de tesis, tienen ese objetivo: reflexionar y alentar el debate no sólo con relación al futuro de Cajamarca en el proceso de su conformación regional, sino a las posibilidades de impulsar su desarrollo a partir de sus reales vinculaciones con las diversas provincias a las que estuvo histórica y económicamente ligada. Son indudablemente polémicas y escapan a moldes, aparentemente lógicos, de conceptuar la regionalización. No son nuevas, pero sí, buscan y fomentan una construcción regional diferente a la que en algunos momentos políticos se nos quiso imponer.

TESIS CENTRAL SOBRE EL DESARROLLO E INTEGRACIÓN REGIONAL DE CAJAMARCA
La presente tesis sobre la temática del impulso al desarrollo y regionalización de Cajamarca tiene la particularidad de pensar en voz alta sobre los intereses y el futuro de Cajamarca y las provincias del sur del departamento, incluido Hualgayoc, desde aquella óptica, que, fundamentalmente, gira en torno al convencimiento de que en el logro de los propósitos en mención, el afán integracionista y de intangibilidad del departamento, es sencillamente inconsistente e inviable por lo que, hacemos mal en sujetarnos a ella. Se expresa en lo siguiente:

El impulso al proceso de desarrollo de Cajamarca y las posibilidades de que ésta se articule y convierta en región sólida y estable, está en relación directa a la forma como se integre a aquellas provincias con las cuales ha mantenido y mantiene efectiva vinculación geográfica, económica y socio – cultural, al margen de su adscripción departamental.

Significa ello, que Cajamarca como realidad provincial, para progresivamente impulsar y alcanzar su desarrollo y paralelamente luchar por su conversión en región autónoma y fuerte tiene que, como primera prioridad, reforzar e incrementar sus relaciones con aquellas provincias que, independientemente de que pertenezcan a uno u otro departamento, constituyen espacios socio - económicos de carácter imprescindible en su vinculación, de las cuales, se sirve económicamente y a las cuales también tiene que servir en los mismos términos.

En este sentido, es que planteamos que en forma prioritaria y con toda decisión nos sobrepongamos al falso prurito de la integración departamental o de la intangibilidad del mapa cajamarquino para, límites geográficos aparte, unirnos y trabajar, si fuera posible en exclusividad, con aquellos pueblos y provincias que, siendo o no cajamarquinos, nos necesitamos mutuamente. Lamentablemente, desde la creación política del departamento, las diversas acciones de impulso a su desarrollo y las ideas vertidas sobre regionalización, han sido pocas y todas ellas a partir y teniendo como eje central la demarcación política provincial y departamental. Estrategia ésta, que no obstante los años transcurridos, en el fondo, sólo ha servido para favorecer a algunas de ellas y sujetarse a nuevos poderes, y, consecuentemente, retardar o frenar, en diversos aspectos, la marcha de Cajamarca en su desarrollo e integración
Telar artesanal, Pusac, panoramio foto de KmrojasA
Es momento que se tenga en cuenta que los procesos de inte­gración de los pueblos no se sustentan u obedecen a los buenos deseos o sentimientos de quienes quisieran ver una región a su manera, menos a la imposición legalista de las líneas divisorias que teóricamente separan a provincias y departamentos, y, de ninguna manera, a la tentación forzada e interesada de las esferas del poder político. Ello, fundamentalmente, obedece a que existen razones geográficas, históricas y socio – económicas, a través de las cuales los pueblos se han integrado en unidades más amplias y coherentes; y si bien, los adelantos en el campo de las comunicaciones les está dando mejor apertura, no por ello pierden o enervan aquellos lazos que mutuamente comprometen relaciones beneficiosas e intercambios dentro del marco de la reciprocidad.

Queda claro, entonces, que las provincias con las que se propicia la constitución de una unidad física y básicamente económica y social en el contexto de la necesaria regionalización, lo constituyen todas aquellas que mantienen vínculos e intereses reales, sin importar su pertenencia a otros departamentos. Aquí radica la parte medular de nuestra tesis, que en otros términos significaría borrar imaginariamente nuestra demarcación política como departamento y delinear una nueva demarcación regional que categóricamente responda a los directos intereses de nuestra provincia, donde lo que importa es aquél espacio grande que nos permita no sólo integrarnos, sino contribuir a nuestro desarrollo y donde, por cierto, no caben o son inconsistentes viejas añoranzas sobre nuestra intangibilidad territorial como departamento.

Proponer y fundamentar la presente tesis requiere, entre otros análisis, de aquél que nos permita precisar y conocer los ejes bási­cos sobre los que sustenta esta opción de integración y desarrollo que, resumidamente, son los que a continuación se indica.

EJES CENTRALES DE INTEGRACIÓN REGIONAL
Las regiones como unidades amplias de vida compartida siempre han existido. Su constitución nunca ha estado sujeta a decisiones políticas, deseos interesados y presiones de grupos de poder. Desde tiempos pretéritos, éstas se han formado siguiendo el cauce natural de su crecimiento y desarrollo en el marco de una gran comunidad territorial donde, necesariamente, han tenido que intervenir factores que le han dado sustento, organización y funcionalidad como ejes básicos que, fundamentalmente, tienen que ver con la realidad física, productiva e histórica.

Estudiar y conocer esos ejes, rescatando su importancia, y, a partir de allí, entender nuestras posibilidades de integración regional, es otra tarea a cumplirse, como paso previo y necesario para la elaboración de un proyecto de envergadura regional. Se considera a tres ejes como los más significativos que intervienen en la composición de la red regional, a los cuales, sucintamente, se hace referencia.

EJE DE CARÁCTER FÍSICO
Nuestra área territorial, a través de sus diversos pisos ecológicos, nos permite contar con pequeños y amplios espacios físicos que hacen posible el desarrollo de la vida en comunidad y de la necesaria y variada producción para el sostenimiento y crecimiento de la misma. Muchos de ellos, se encuentran dotados de condiciones físicas y orgánicas favorables, cuyas características y potencial dependen de la región natural y piso en el que se ubiquen; en forma genérica, están constituidos por pequeños, medianos y grandes valles, planicies y laderas sobre los cuales se asientan los diversos conglomerados sociales.
Río marañon, panoramio foto de kmrojasa
 En la parte jalca o puna, sobre los 3,000 metros de altura del nivel del mar, encontramos cadenas de montañas, cerros entre grandes y pequeños, laderas y planicies, mayoritariamente regadas por el agua de las lluvias; en la zona quechua, de clima templado, tenemos diversidad de valles, multiplicidad de pendientes, colinas y pampas regadas algunas de ellas por aguas de los pocos ríos que la recorren; también se tiene abundantes cerros mayormente rocosos; y en la zona yunga, extensos y pequeños valles, laderas y contrafuertes que caen hacia el cauce de los ríos y múltiples picachos y quebradas. Todos ellos, como importantes y variados espacios naturales incrustados en los diversos pisos ecológicos.

Pero estos espacios, convertidos en fuentes de vida y producción gracias a la intervención de la mano del hombre, se concadenan y tienden a relacionarse unos a otros, fundamentalmente por razones de inmediatez, de necesidad de intercambio mutuo y de exigencias de la propia dinámica social. En la sierra, por lo accidentado de su territorio, los diversos espacios no son homogéneos; se encuentran fuertemente separados unos de otros, en algunos casos, con brechas casi insalvables de comunicación, por lo que las relaciones entre ellos obedecen a factores naturales de accesibilidad y a la necesidad de encontrar cauces de intercambio favorables.

De esta manera, los espacios topográficos se constituyen en un importante eje físico que, a la par que van a permitir un creciente desarrollo productivo, van a favorecer una adecuada conexión e interrelación entre los diversos grupos poblacionales que se extienden en esos territorios, garantizando de ese modo y hasta cierto límite, algunas formas de vida estables, sostenidas por el motor de la producción.

Todas las provincias y pueblos del país, al forjar su espacio regional, necesariamente se sustentan sobre las bondades físicas de los espacios en los que viven. El espacio de integración física de Cajamarca, de acuerdo a antecedentes históricos, ha comprendido una extensa área de carácter transversal que, partiendo de la provincia de Pacasmayo, abarcó a Cajamarca, Celendín y Chachapoyas y de allí, al oriente peruano; comprendiendo también, como es de suponer, a las provincias del sur del departamento.

Esta gran área regional tuvo la virtud de integrar en forma directa a espacios diversos que, iniciándose en la región costa como salida al mar en la provincia de Pacasmayo, integraba a la productiva cuenca del río Jequetepeque, los diversos valles interandinos en las provincias del centro y sur de Cajamarca, la cuenca del río Marañón en la parte colindante con el departamento de Amazonas, la extensa cuenca del río Utcubamba hasta la altura del distrito de Pedro Ruiz, los valles de entrada a la Amazonía como los de Rioja y Rodríguez de Mendoza y las cuencas de la propia selva amazónica en el departamento de San Martín. Sobre este gran corredor se organizó el gran circuito de carácter económico – comercial que, en su momento, dieron vitalidad y presencia a esta región. Físicamente, el eje que permitió articular e impulsar formas superiores de vida y desarrollo fue precisamente el mencionado.

En los últimos años, el asombroso avance científico y tecnológico, en especial en el campo de las comunicaciones, como la electrónica, la telefonía, Internet, y otros, está impulsando el nece­sario acercamiento entre los pueblos. En menor medida, los servicios de carreteras se expanden y mejoran, en especial la construcción de la carretera panamericana a lo largo de toda la costa y sus entradas a la sierra con proyección a la Amazonía, de tal manera que se tiende a superar progresivamente algunas formas de barreras físicas, la interconexión es fortalecida y el intercambio comercial es más fluido. Pero todo ello, sin apartarse y teniendo como médula central de articulación a dichos espacios, en su condición de realidades vinculantes.

Es el caso del espacio la provincia de Bolívar que, perteneciendo al departamento de la Libertad, no guarda ningún vínculo con la capital Trujillana, tampoco, con las provincias de ese departamento. Por el contrario, desde todo punto de vista se encuentra ligada a la red espacial que lo constituyen Celendín y Cajamarca.

EJE DE CARÁCTER ECONÓMICO
Los pueblos viven y se desarrollan, fundamentalmente, en razón de su capacidad de producción. Mientras mayor sea la producción y productividad, mayores serán las posibilidades de crecimiento y bienestar de los mismos. Pero la capacidad productiva de los pueblos se encuentra sujeta a varios factores, internos y externos. Dentro de estos últimos están los centros comerciales o mercados a los cuales tiene que recurrir para ofertar sus productos y realizar acciones de intercambio. De allí la necesidad de encontrarse vinculados estrechamente a los pueblos de su entorno, para servirlos productivamente, pero también para servirse de ellos.

En este sentido, la producción de bienes y los flujos comerciales que se dan entre los espacios sociales de una región, sirven, en primera instancia, a ellos mismos; son de utilidad directa y generan justificados intereses comunes; de tal manera que se establece una suerte de puentes económicos que le dan fluidez y efectividad a sus relaciones. Estas capacidades productivas de los pueblos y las posibilidades de intercambio conforman lo que se denomina el eje económico de integración. No es posible articular a pueblos y micro regiones sino está de por medio dicho eje, de tal forma que el nexo económico es condición "sine qua non" para alentar una región funcional. Es por ello, que los pueblos por su propia historia y teniendo como base a las premisas señaladas, han trazado sus propios límites regionales, a los cuales por ningún motivo podemos obviarlos.

En nuestro caso, el flujo productivo y comercial hasta los años de 1940, se dio dentro de ese gran circuito que, partiendo de Pacasmayo comprendió a Cajamarca, Celendín y las provincias del sur para luego, cruzando el río Marañón en el sitio Balzas, integrar a las provincias de Bolívar, Chachapoyas, Bongará, Luya, Rodríguez de Mendoza, Rioja y Moyobamaba, entre las más importantes. Esta fue, pues, el engranaje natural a través de la cual se desarrollaron diversas relaciones, básicamente económicas, pero también socia­les, administrativas y culturales.

Las líneas económicas que comercialmente se movilizaron fueron múltiples: productos industriales y acabados (abarrotes, herramientas, tejidos, etc.) de ida, y productos agrícolas, pecuarios, ganado, y otros, de retorno. El intercambio comercial en ese sentido y no obstante las limitaciones materiales y logísticas fue significativo y promisorio. Para tal efecto, se instauró como modalidad de transporte inherente al proceso comercial la actividad conocida como "arrieraje" a través de las cual, personas contratadas para tal fin conocidas como arrieros, se encargaban del traslado de los diversos productos procedentes de la costa, vía Pacasmayo, y adquiridos en las ciudades de Chilete o Cajamarca hacia el oriente peruano, utilizando como medios de carga a grupos de acémilas, en especial mular y caballar.
Arrieros de la Villa del Huauco
 La conducción y responsabilidad de dicha actividad estuvo a cargo, o bien de los propios comerciantes, de sus familiares directos y en, otros casos, de sus representantes que eran personas de su confianza. Movilizaron entre 20 y 30 acémilas como medio de carga y entre 3 a 6 arrieros como personal contratado, no menos de 4 personas por viaje dispuestas siempre a auxiliare y apoyarse entre sí. El tiempo que se utilizaba para el transporte de los productos fue de 8 a 10 días desde Cajamarca hasta la ciudad de Chachapoyas y tiempo similar para el retorno. Los puntos intermedios de descanso y aprovisionamiento cuando se salía de Chilete o Cajamarca fueron Sucre y Celendín. Al reiniciarse el viaje se utilizaba la siguiente ruta: El Limón, Huilca (pasando Balzas), Jinez (bordeando la cordillera central), Pomacochas y Chilla (en las pendientes del río Utcubamba) y Chachapoyas; de aquí, a las otras provincias. La misma ruta, con ligeras variantes, para el retorno.

Por lo general los arrieros fueron gente fuerte y curtida con capacidad para sobreponerse a las adversidades materiales y de tiempo del viaje, jóvenes y adultos y todos del sexo masculino; la participación de las mujeres fue esporádica y en casos especiales acom­pañando, como esposas o convivientes, a algunos arrieros que pensaban quedarse a trabajar y organizar su vida familiar en cualquiera de los lugares indicados. Se sabe de decenas de personas y jefes de familia en su mayoría de Celendín, Sucre, José Gálvez, Jorge Chávez y Cajamarca que participaron de dicha actividad.

En Celendín, según varios testimonios, se han destacado como arrieros connotados: Salomón Mori Sánchez, Felipe Silva y Buenaventura Ortiz, éste último, dueño de alrededor de 50 mulas. En Sucre, fueron muchas las personas que se dedicaron al arrieraje como oficio principal del cual vivieron, algunas de ellas, con más suerte y dedicación, llegaron a ser exitosos hombres de empresa.

Fueron pues, muchas familias, aventureras y típicos comerciantes, formadas en el arrieraje que llegaron a establecerse en forma definitiva como empresarios exitosos en las ciudades de Chachapoyas, Rodríguez de Mendoza, Bongará, Luya y Bolívar, entre otras; todos ellos como prósperos comerciantes, ganaderos y dueños de empresas de servicios. El siguiente cuadro, N° 01, nos proporciona datos sobre los principales hijos de Celendín que se establecieron en los lugares indicados antes de la década de los 50.

Cuadro N° 01
PRINCIPALES CELENDINOS ESTABLECIDOS EN CHACHAPOYAS
Y OTRAS PROVINCIAS, ANTES DE LOS AÑOS DE 1950
Procedencia
Nombre y apellidos
Destino
Actividad
Celendín
Pedro Pablo Gil Merino
Chachapoyas
Comercio
Celendín
Manuel Muñoz Chacón
Chachapoyas
Comercio
Celendín
Buenaventura Ortiz Zárate
Chachapoyas
Comercio
Sucre
José Chávez Díaz
Chachapoyas
Comercio
Sucre
José David Reyna Rojas
Chachapoyas
Comercio
Sucre
Hildebrando Aliaga Zavaleta
Chachapoyas
Com.y trans.
Sucre
Jesús Rojas Torres
Bongará
Com. y ganad.
José Gálvez
Manuel Chávez Díaz
Chachapoyas
Ganadería
José Gálvez
Cristian Mori Horna
Luya
Com. y ganad.
José Gálvez
Cecilio Sánchez Díaz
Luya (Lamud)
Comercio
Jorge Chávez
Mercelino Carrascal Zelada
Luya (Lamud)
Comercio
Jorge Chávez
Familia Silva Zelada
R. de Mendoza
Com.y agric.
Jorge Chávez
Alejandro y Oscar Silva
Pedro Ruiz
Com. y serv.
Jorge Chávez
Clodomiro Zelada
Pomacochas
Ganadería
Jorge Chávez
Sabino Silva Zelada
Santo Tomás
Ganadería
Fuente: elaboración del autor, año 2002

De igual manera, a la provincia de Bolívar han emigrado varias familias celendinas, entre ellas la familia Silva y Zelada, dedicadas con éxito a la ganadería y comercio.

En la ciudad de Cajamarca, en ese entonces y como resultado del creciente intercambio comercial, se establecieron empresas comerciales realmente grandes y dinámicas que abastecían con toda clase productos a la mencionada región. Se recuerda entre ellas a la casa comercial GRACE, CUNCE, MILME, Tejada Becerra y otras. En la provincia de Celendín, igualmente, existieron importantes centros comerciales desde los cuáles se remitía los productos co­merciales, destacándose entre ellos, al distinguido hombre de empresa de talla internacional, don Augusto G. Gil Velásquez, que abastecía con maquinaria y herramientas diversas con su nombre grabado como logotipo, tejidos ingleses, añil y anilinas importadas; César Chávez Montoya ( ferretería); Porfirio Díaz Carranza (telas); Gustavo Inga Quevedo (cueros y suelas); Francisco Silva Horna (abarrotes); Víctor Camacho Marín (telas y útiles de escritorio); Juana Muñoz Chacón (abarrotes); Julio Merino Bazán (licorería); Dolores Rojas (caramelos y jarabes) entre otros. En Sucre: don Leucadio Díaz Chávez y Samuel Silva Sánchez (abarrotes).

De retorno, el intercambio comercial en ese momento dio lugar para que se trajese a Celendín y Cajamarca, entre otros productos: cueros de ganado vacuno, sal conocida como "chacha" para el ganado, paja toquilla, ganado vacuno y lanar para el mercado, madera, productos agrícolas y frutales, aguardiente y chancaca.

Lamentablemente, este importante circuito económico, como se analizará más adelante, quedó prácticamente trunco o, si se quiere olvidado, debido a diversos factores que tienen que ver con la concepción de desarrollo y regionalización que se manejaba desde la capital cajamarquina, indecisiones y falta de firmeza política y la construcción de la carretera panamericana con nuevas vías de penetración a la Amazonía. A lo que hay que añadir el consecuente e intempestivo cambio de uso de la acémila como medio de transporte por el vehículo motorizado que definitivamente cambió el sistema de transportes donde, las regiones que apuraron la construcción de sus vías, se vieron ampliamente favorecidas. En este nuevo contexto, nuestro otrora dinámico espacio de intercambio económico y de carácter transversal, se vio severamente afectado.

Sin embargo, y a pesar de las nuevas condiciones y algunos factores adversos, aún mantenemos algunos vínculos en especial económicos con la mencionada región. Así, en la actualidad, seguimos adquiriendo y alimentándonos de algunos de sus productos, de Moyobamba y Rodríguez de Mendoza recibimos madera tipo cedro, naranjas, piñas, paltas, chancaca, aguardiente, etc., de Nuevo Cajamarca y Rioja: arroz, polvillo, paja toquilla, frutales; de las provincias de Luya, Chachapoyas y Bolívar: ganado, en especial, vacuno y lanar, productos agrícolas: papa, maíz, arvejas, yucas, camote e interesante variedad de frutales y hortalizas. Estos pro­ductos abastecen no sólo los mercados de Celendín, Cajamarca y localidades intermedias, sino, a través de esta vía, son trasladados a los mercados de Trujillo y Chiclayo.

EJE SOCIO CULTURAL
Es evidente que los pueblos tienden a unirse, fundamentalmente, porque entre ellos existen intereses económicos compartidos en el marco de un espacio físico accesible. Simultáneamente, germinan a su interior lazos socio - culturales que refuerzan pro­gresivamente las relaciones interpersonales, en función a la interconexión de factores económicos y espaciales. Es así cómo crecen y se desarrollan raíces históricas comunes y formas de identidad cultural, cada vez más estrechas y de necesario apoyo al desarrollo de los mismos. Socialmente, se amplía este tejido produciéndose interesantes interrelaciones familiares y grupales a partir de intereses comunes tanto en el campo de la productividad y de servicios.

En este sentido, muchas de nuestras expresiones culturales, valores e identidad son compartidas por colectividades que se extienden por ese gran espacio regional señalado. Por historia se sabe que nuestros primeros antepasados que se aglutinaron en las culturas de los caxamarcas, marañones y sachapuyos, mantuvieron importantes relaciones de intercambio productivo, cooperación social y defensa, aunque en muchos momentos se tornaron conflictivos y de enfrentamiento. Fruto de estas relaciones lo constituyen los valiosos restos históricos, de notoria similitud entre ellos, ubicados, entre los más importantes, en el lugar conocido como La Chocta, distrito de Oxamarca, provincia de Celendín, las ruinas de Uchumarca, en el distrito del mismo nombre, provincia de Bolívar, y los valiosos restos históricos en los distritos de Luya y Chachapoyas. Daniel Quiroz Amayo, reconocido estudioso de la geología e historia de la provincia, nos hace notar en la revista El Labrador N° 11, la similitud que existe entre las construcciones internas de la fortaleza de Kuelap y las ruinas ubicadas en el lugar conocido como La Lechuga, parte alta del distrito de Sucre.
Restos arquelógicos La Lechuga
 Durante la gesta de la independencia, este gran espacio facilitó formas de comunicación entre Cajamarca y Chachapoyas, a efectos de organizar la resistencia contra el avance de las fuerzas realistas; algunos combatientes que ofrendaron su sangre y vida en la histórica batalla de Higos Urco (localidad ubicada en las puertas de la ciudad de Chachapoyas) fueron hijos vinculados a esta parte territorial. Posteriormente, como se ha señalado, en el período de la república hasta mediados del siglo pasado, grupos importantes de familias salieron de Cajamarca, en especial de Celendín, hacia las provincias que se ha mencionado; y, en las últimas décadas se ha producido un considerable desplazamiento de gente de la zona rural de Cajamarca y las provincias del sur, hacia zonas de ceja de selva y selva alta de Rodríguez de Mendoza, Rioja, Moyobamba y Tarapoto, entre otras, motivados y a la espera de nuevas posibilidades de trabajo, dentro del programa conocido como colonización.

Pero las relaciones entre estos pueblos que indudablemente se acentuaron por el factor económico comercial, se dieron también en otros campos, basta con señalar dos casos significativos: al crearse la Corte Superior de Justicia de Cajamarca en enero de 1862, tuvo jurisdicción sobre el departamento de Amazonas y el Dr. José Toribio Casanova López, ilustre jurista, educador y político Cajamarquino, llegó a desempeñarse como juez de primera instancia en la provincia de Luya del mencionado departamento. El otro caso es referente al destacado y preclaro militar General EP José del Carmen Marín Arista, creador del Centro de Altos Estudios Militares (CAEM) hoy Centro de Altos Estudios Nacionales ( CAEN) y profesor de la Universidad Nacional de Ingeniería, entre otros méritos, el mismo que, siendo hijo natural de la provincia de Rodríguez de Mendoza (Amazonas), tuvo raíces celendinas. Su padre, don Marcelino Marín Camacho, fue del distrito de José Gálvez y su esposa, doña Cirila Marín Obrith, fue hija del distrito de Sucre; lo cual explica las estrechas relaciones familiares y sociales que también se dieron en ese entonces.
Adjunto una foto del recuerdo, en la que están Alejandrina Marin Obrith,( cargando una bebe, no sabemos identificar hasta hoy ) luego el hermano de mi madre Antonio Marin Arista con sombrero, mi madre al centro Hemina Marin Arista 1que abraza a mi hermanan   mayor niña Leonor Zegarra Marin , luego a la derecha mi tía Noemi  Marin, no se reconoce al señor de al lado. (Fotografía: Cortesía de Adner Yzquierdo Marin)
Es importante, de igual manera, reiterar que a raíz del intensivo intercambio comercial, muchas familias, mayormente celendinas, se instalaron en forma definitiva en las ciudades mencionadas, integrándose social y culturalmente a estas nuevas realidades, por cierto, sin perder sus vínculos con sus lugares de origen, pero sí, interviniendo activamente en su desarrollo y representando, en muchos casos, a la comunidad de los lugares en los que se afincaron. Hoy en día, el flujo social y cultural más importante se da a través de jóvenes profesionales, en especial de educadores que, en forma significativa, se encuentran laborando por diversas localidades de este gran espacio regional. Es importante destacar que el actual alcalde de Chachapoyas, Leonardo Rojas Sánchez, es hijo celendino (Sucre).

Del libro Cajamarca - Celendín, Tras la Ruta de su regionalización y desarrollo, 2002.

2 comentarios:

  1. Estimados Paisanos Celendinos,como hijo de una ilustre hija celendina de sucre Hermina Marin Obrith hermana de Alejandrina Marin Obrith y de Cirila Marin Obrith ( Esposa del General Jose Del Carmen Marin Arista y que actuamente vive a sus 102 años ) orgulloso de leer sus pàgina Web y a la vez emocionado al leer en sus lìneas hermosos recuerdos del lugar de las raices de mi familia.
    ayzquierdo@usil.edu.pe
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  2. Falta ai, mi bisabuela Carolina marin obrith 😃

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