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domingo, 31 de octubre de 2010

Vivencias de antaño: Todos los Santos y Finados.


Escribe: SACHAMA
Al fin llegamos al Mes de las ofrendas y de los chanos; en este tiempo todos los huauqueños recordamos a través de un suspiro muy profundo a nuestros seres queridos que se fueron, para no regresar más. Hablando de las ofrendas, estas eran preparadas con la habilidad del caso para ser colocadas en una mesita con su mantel planchado, en ella, ponían los alimentos que más le gustaba al difunto, se veía un bollo con sus ojos negros, un toro con su collar. un quesillo con su miel traída en calabazo desde Llanguat, una palta, una fruta, su chiclayo cangao, sus torcidillos, su vizcochuelo, su caspiroleta en cantarito cajamarquino, etc., etc. una vez lista la mesa, se santiguaban y después de rezar salían con la parsimonia que el acto exige, dejando la puerta a medio lao, para que entre el alma. Pasaba el día de Todos los Santos, el día de Finados y al tercer día recogían las ofrendas, la dueña de casa, en la hora del desayuno y el almuerzo, repartía las ofrendas como hacer recuerdos del que fue y después de lo cual, otra vez con el polvo del conformismo se cubría la figura del ser querido, el cual un día juntos rodeaba esa mesa. La sobra de las ofrendas lo coloca en su alacena los que tenían y los demás, en su shinge, tanto era el respeto a nuestros padres que no las tocábamos y después de varios días nos convidaban otra vez las famosas ofrendas, estas ya tenían hongos, o sea, lo que nosotros decirnos ya estaban cucarshiadas; pero así sacudiéndolas y limpiándolas en nuestras mangas o nuestra chupa, las aglutinábamos y nunca teníamos trastornos gástricos.

Esta Ñaña es la parte formal de la Fiesta de Todos los Santos y Finados; ahora veamos la parte recreativa: como antesala de estas festividades, o sea, desde el mes de Setiembre en nuestro recordado Centro 83 todos jugábamos a los chanos, donde los más expertos a cada rato cushaban.
En el juego de los chanos, se distinguía mucho, el combudo del Isaac y el menudo Jairo; tanto era nuestra afición por los chanos que nos despreocupábamos de los estudios, era motivo, para que nuestros mestros, nos quiten las talegas de los chanos y nos den encima unas señoras tandas, con varillas de sauce coposo o morocho.
Llegaba el día de Todos los Santos, la cumpada nos dábamos cita en el atrio de la Iglesia, a las quitadas subíamos a sus torres derruidas y desde la parte más alta y previa prueba con saliva. se comenzaba a jugar el chano docena; cuando ganaba el tirador, el cumpa que estaba parando, remitía la docena ganada en un pañuelo carcoso, hacia el lugar donde se encontraba el tirador; así pasaba el día del Juego de chano docena; en otro ángulo de la plaza el resto de cumplas ju. jugaban a los chanos, pero en paradas; más allá, o sea, más o menos al centro de la plaza, los mayores se entretenían jugando tejas, de los palanganas sus tejas eran de soles de nueve o cinco décimos y de los demás eran de gordos; en este juego se les veía a ño Pog-Pog, ño Shato, Ashuco, Tashungo, el Shon, el Jarabato, etc, etc, quienes se disputaban sendas apuestas; ter minado el día, chicos y grandes nos recogíamos a nuestras casas, para comenzar el otro día con nuestro quehacer diario.

Fuente: Ñañas en Prosa.

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