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viernes, 11 de marzo de 2011

Escenario: LA INDUSTRIA DE SOMBREROS DE PAJA TOQUILLA EN CELENDÍN


No ha transcurrido un año todavía en que un grupo de mujeres de la ciudad de Celendín, cuya ocupación cotidiana es la confección de sombreros de paja toquilla, se agruparon, bajo la dirección del señor Alfredo Rocha Zegarra, en lo que podía haber sido tal vez una floreciente y hasta redentora parte Cooperativa.

Sin embargo, lo que sucedió con esta Cooperativa; es decir, con su romántico organizador, es de todos conocidos. La Cooperativa quedó allí mismo donde empezó. La más buena intención de celendino puro, de enseñar a la anónima sombrera, entre otras grandes cosas, el acabado ayacuchano, por ejemplo, que bien hubiese podido hasta revolucionar algo la industria del toquilla, vale decir, la industria celendina, la industria del CELENDIN HAT como se enorgullecía llamarle el acaudalado Augusto G. Gil Velásquez cuando lo ofrecía a los príncipes de Edimburgo o al Füerer Hitler o a Gandi, para no citar otras grandes personalidades del mundo. Eso y otras inesperadas benéficas cosas quedaron en la más pura buena intención. Y la mujer proletaria se ve abandonada a su triste destino otra vez... ¿Cosas del momento político que vivíamos? No, cosas de mi tierra únicamente.

¿Quién siendo celendino, o ya "autentico" o celendino al fin; esto es quien habiendo nacido y crecido entre los confines de Chota y el Miriles el Sendamal y el Marañón no conoce hasta la saciedad, el drama que envuelve la vida de la mujer celendina que se dedica a trenzar la paja toquilla días tras día, noche tras noche, para procurarse unas cuantas pesetas cada vez que entrega al intermediario de esta industria un sombrerito? ¿Quién siendo celendino no conoce este doloroso drama de nuestras tejedoras? Todos naturalmente, pero quien o quienes se han dedicado a hacer algo por la solución de este tremendo problema social, que no deja de enrojecer las mejillas de los celendinos de pudor. Pocos poquísimos. Y esto es lo más triste y vergonzoso para nosotros, que muy pocos se hayan interesado, a través de las edades por puntualizar siquiera este oprobió que pesa cual carga siniestra, sobre nuestras desvalidas mujeres proletarias. Celendín con una unidad racial con sus hijos esclarecidos en todos los tiempos, con hombres capaces de dominar cualquier situación dentro y fuera del país, nunca sin embargo, vio alguien, aparte alguno, en pequeñísima escala acometiera con franqueza y decisión, esta tragedia que desdice con su enseñoramiento de la valía de los nacidos en tierras de Bacilio Cortegana.

En consecuencia no habiendo hecho los mayores nada o casi nada, se espera de la Juventud haga de la redención de la víctima de este negocio el fruto de sus desvelos. La juventud debe pensar que la tragedia de esta víctima puede ser conjurada, superada fácilmente. Que no está bien que el intermediario, el frió intermediario , viva y hasta capitalice con el producto de esta manufactura casera, de tipo económico familiar consuntivo libre estacionaria etc., pues no tiene tipificación única propia, sus elementos concurrentes son muchos, ya es abierta para el mercado ajeno al de la jurisdicción de la Provincia del lugar donde se elabora y hasta para el mercado externo o extranjero; ya de acuerdo con la teoría de las "coyunturas" la fabricación de sombreros de paja se realiza sin intervención estatal, invirtiéndose íntegramente el producto de la primera venta en la satisfacción de algunas pocas necesidades propias de la manufacturera o ya puede señalársele un lugar en la economía estacionaria, porque según Cassel permanecen constantes en su número sus trabajadores y sus necesidades individuales y sociales. Aparte otras sus pequeñas explicaciones, que sería un tanto engorrosa hacerlas. Por ejemplo una cooperativa bien organizada, desde todo punto de vista, comenzando por el moral, con planificación a la orden del día, evitando así las vivezas de la clásica oferta y demanda, en la que el Estado intervenga ampliamente con su acción protectora de la industria legislando por un lado a su favor y de otro con subsidios; con la formación de seguros y de todos los beneficios sociales posibles, con la conquista de mercados donde se pueda colocar el producto en condiciones exclusivas de ventaja para la mano de obra la tejedora, anulando al intermediario naturalmente, procurando el continuo mejoramiento la tecnificación creciente de la industria, tal como lo quiso Rocha Zegarra; o si se puede más mejor, protegiendo a la industria de los contrabandos operados desde tierras ecuatorianas con productos similares; o tal vez, celebrando acuerdos diplomáticos con aquel país para evitar una competencia desleal, a modo de dumping, en el extranjero. Y en todo caso una reforma agraria que socialice el suelo, liquidando el latifundio y procurando todos los medios de progreso socio agrario al nuevo tenedor de la tierra al poblador no solo celendino sino de Rioja y pueblos aledaños donde también se produce el sombrero de paja toquilla, sería igualmente gran parte de la solución de este nuestro problema regional, problema que encarna la miseria de nuestras conformistas y silenciosas tejedoras, que no hacen sino suspirar amargamente en el fango de su pobreza, clavando de cuando en cuando durante su dura y larga jornada, una tristísima mirada a su alrededor en el suelo, como ensimismadas en su vida de martirio; teniendo muchas veces en su regazo al fruto de sus entrañas que llora desesperadamente pidiendo que comer, y sobre él, el sombrero en fabricación, remojado de rato en rato por la clásica "tusa" y la luz tenue de un lamparín, puesto sobre la "horma", acompañando a esta huérfana en sus noches de desdicha.

¡Ay ... hasta cuando mujer celendina sufrirás resignada la amargura de tu vida!
¡Hasta cuándo será cortada de un tajo, cual nudo gordiano, tu miseria!

De la revista Eco Sucrense N° 2, 2006 (Tomado del Quincenario El Lucero de la Quintilla)

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