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domingo, 7 de julio de 2013

Pluma de la altura: DOROTEA URQUÍA ZELADA, MATRIARCA DE LA QUINUILLA Y OTROS CASERÍOS DE SUCRE

Por: Secundino Silva Urquía.

Introducción.

Desde la segunda mitad del siglo XIX (Años 1850 al 1900), la zona rural del Huauco (Hoy Sucre), fue vista con mayor interés de posesión o propiedad por sus pobladores. Entonces estaba, en su mayoría, cubierta de arbustos y árboles nativos; las áreas descubiertas por sus pastos, constituían potreros eventuales del ganado de los terratenientes de la época. Y para entender mejor esto, tengamos en cuenta lo siguiente: Primero.- Luego de sellada la independencia del Perú en 1824, el concepto de posesión y propiedad de las tierras de poca fertilidad y acceso al agua, varió. Los entonces poderosos hacendados empezaron a considerarlas como áreas potenciales para expandir sus dominios. Segundo.- El crecimiento poblacional de la villa El Huauco hizo cada vez más difícil acceso a la propiedad de las tierras de su campiña; por lo que muchos ciudadanos con vocación innata de agricultores, vieron en las tierras libres de "La jalca", oportunidad para trabajar y sostener su economía familiar. Así, a partir de las últimas décadas del siglo XIX, algunos huauqueños se trasladaron hacia el ámbito rural. Y, tercero.- La creación del distrito Huauco se da el 02 de enero 1857; pero fue recién el 22 de diciembre de 1923, mediante Ley Nro.4860 de creación del distrito Oxamarca, en que se fijaron también los límites del distrito Huauco; y el 15 de noviembre de 1940, mediante Ley Nro. 9198, cambió su nombre a Sucre.

Dorotea Urquía y su lucha en defensa del ámbito rural del Huauco.
Los señores Marciano Marín Mendo (1922- actualidad) y Silvestre Mendo Carranza (1934-2006), ambos nietos de Dorotea Urquía Zelada y Mercedes Mendo Cabanillas; aseguran que sus abuelos mencionados lideraron los primeros pobladores de lo que hoy es el caserío La Quinuilla; y que por esto ellos ya nacieron allí. Otras personas mayores de aquella generación pionera, también habrían contado lo mismo a sus respectivos descendientes. Pero, mientras ellos vivían sus primeros años de posesionarios de la parte rural del Huauco; surgió la disputa por esos terrenos entre Manuel Cacho Gálvez, dueño de la hacienda Polloc y los García Zelada de la hacienda Cantange. En resumen, la disputa predial era la siguiente: el primero reclamaba jurisdicción de su hacienda, hasta lo que en la actualidad es el caserío de Santa Rosa y los segundos, hasta lo que hoy es Vigaspampa. Cuando este lío, que surge en los últimos años del siglo XIX, se intensificó; una tercera parte incursionó en la disputa predial, reclamando las tierras como intangibles y suyas: "Las Comunidades Campesinas del Huauco". Con esta personería, los comuneros que ya usufructuaban dichas tierras, con el pastoreo de su ganado, extracción de madera para la construcción de sus casas, y siembra de chacras aisladas, se enfrentaron con coraje a las pretensiones expansionistas de los hacendados.

Dorotea Urquía Zelada, lideró el grupo de los primeros pobladores de La Quinuilla y Calconga, en dos choques decisivos con el hacendado Manuel Cacho Gálvez: uno en la "Loma del Indio" y el último en lo que hoy es "La Conga el Sumidero", en la entrada oeste del actual caserío La Quinuilla. Cuentan que en éste último paraje, doña Dorotea, armada de un revólver pequeño, se abrió paso entre los pocos comuneros y desafiante se colocó frente al acaballado y mejor armado terrateniente, se rió de sus amenazas y le espetó la firme decisión de que "ella y su gente no le temían y que solo muertos serían sacados de esas tierras". El hacendado, flanqueado por sus lugartenientes también acaballados, preguntó airado: “¿Y de dónde salió esta india de mierda?”. Luego, al ver la suicida determinación de los comuneros se retiró, no sin antes amenazarlos que los “llevaría a juicio por pretender usurpar ilegalmente parte de su propiedad”. Cacho Gálvez, basado en sus influencias económicas y políticas, cumplió su amenaza y emprendió la lucha judicial contra las "Comunidades Campesinas del Huauco". La actitud tesonera de los comuneros, que no le dieron tregua ni en el campo judicial, más los propios cálculos políticos del hacendado, hicieron que el litigio se resolviera a favor de los primeros.

En efecto, tiempo después, su hijo Manuel Cacho Souza estable­ció buenas relaciones con autoridades y personajes influyentes de Sucre, y obsequió a la Municipalidad de Sucre el fundo "El Sauco". Fue así el devenir de los hechos, al punto que Manuel Cacho Souza resultó elegido dos veces parlamentario por Cajamarca, con la suma de los votos de los sucreños de entonces, llegando a ser Vicepresidente del Congreso de la República. Se sabe que como tal visitó la ciudad de Sucre en mayo de 1951, y que sus autoridades lo recibieron con honores.

Las referencias de Nazario Chávez Aliaga.
Nazario Chávez Aliaga, en su libro “SUCRE” (EL HUAUCO), acerca de la historia del distrito Sucre, publicado en 1967; menciona parte de los hechos hasta aquí expuestos, en los siguientes acápites: “CREACIÓN DEL DISTRITO DEL HUAUCO” (HOY SUCRE)- Págs. Del 08 a 12; “LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA POR EL DEPARTAMENTO VISITA SUCRE”- Pág. 45; "DESLINDE DE SUCRE CON LA HACIENDA POLLOC"-Pág. 49. En este último, no precisa lu­gares ni menciona a los protagonistas del pueblo. Fiel a su estilo, sí resalta y alaba de muy buena manera, la figura o persona del extinto hacendado Manuel Cacho Gálvez y la de su hijo Manuel Cacho Souza, mediante los siguientes textos: “Desde 1899, el pueblo de Sucre sostuvo un intrincado litigio, con el propietario de la hacienda Polloc, señor Manuel Cacho Gálvez, que duró más o menos diez años, produciendo situaciones violentas, que, en más de una oportunidad, dieron motivo para que el pueblo de Sucre se movilizara en masa al lugar de la disputa cuando y cada vez habían diligencias judiciales que realizar, con el objeto de hacer respetar sus derechos con medidas de fuerza, que eran conjuradas, gracias a la ecuanimidad y don de gentes del señor Cacho Gálvez, quien tuvo una compostura digna de su estirpe”;  “…y el señor Cacho Gálvez, dando muestras de sus nobles sentimientos de amistad para el pueblo del Huauco, hoy Sucre, puso punto final al juicio, consiguiendo, con este gesto generoso, que el pueblo de Sucre lo reconociera como su benefactor, gesto que sirvió para que más tarde su hijo, el señor Manuel Cacho Souza, dos veces senador por el departamento de Cajamarca y Vice-Presidente del Congreso, siguiendo el ejemplo trazado por su padre, donara a la Municipalidad de Sucre una importante sección de terreno…”; “Esta hidalga actitud comprometió en tal forma el reconocimiento público, que en la visita del señor Cacho Souza hiciera A Sucre, años más tarde, tuvo su expresión elocuente en la magnífica y multitudinaria recepción que todo el pueblo de Sucre le tributó…”,(sic)

Don Marciano Marín Mendo, en cambio, manifiesta que él mismo leyó los documentos guardados celosamente por doña Dorotea, que contenían la sentencia de la Corte Suprema de Cajamarca, la misma que determinaba el mejor derecho las “Comunidades campesinas del Huauco”, sobre las tierras en litigio. Don Marciano, a la vez, reconoce no haberse preocupado por la conservación de estos valiosos documentos. No sabemos alguno de los muchos descendientes de doña Dorotea, aun los conserva, como conservó su fotografía su bisnieta Elena Mendo Chávez; quién gentilmente nos la proporcionó para hacerla pública.

Doña Dorotea Urquía Zelada, a quien con justicia llamaremos: “Matriarca de La Quinuilla y otros anexos de Sucre”, según sus propios descendientes, habría nacido en 1861 en La Conga de Urquía (El Huauco). Por tanto, vivía sus mejores años cuando asumió la tarea de luchar y defender los intereses del Huauco rural. Las mismas fuentes dignas de crédito, manifiestan que ella falleció en La Quinuilla, en 1965, a la edad de 104 años. Por tanto, el juicio por la posesión de la mayor área del ámbito rural de Sucre, debió culminar en 1909; es decir: empezó cuando doña Dorotea tenía alrededor de 38 años y culminó cuando tenía 48.

La última comunidad campesina de Sucre.
El Sr. Marciano Marín Mendo, a quién entrevisté en el distrito La Esperanza (Trujillo), donde reside; refiere a sus 91 años con lucidez y precisión, que entre 1971 y 1972 se parcelaron los últimos terrenos comunales de La Quinuilla. Los comuneros aprobaron por unanimidad su repartición equitativa, para evitar la concentración de mayores áreas en pocas familias. Pues, en esos mismos años, la construcción de la trocha Cruzconga - La Quinuilla, más la consolidación del boom ganadero en todo el departamento de Cajamarca, hicieron que esos terrenos comunales se valoraran más. Así, mientras el gobierno de entonces, encabezado por el Gral. Juan Velasco Alvarado, promovía el cooperativismo; la construcción de la trocha mencionada tuvo en Sucre el impacto de destruir su última comunidad campesina.

Yo aún tuve la suerte de crecer, junto a los de mi generación, jugando por los amplios campos verdes cubiertos de gramas y algunos shinshiles, esos que sin ningún tipo de linderos ni cercos albergaban nuestras humildes casas campestres. Recorríamos, también los cerros y colinas comunales cubiertos de pastos naturales y de otras especies vegetales como: orquídeas, helechos, pushgais, chullcos, cotocotos, poporos, lanches, piquepiques, zarzamoras, yanaqueros, cirimbaches, guangas, topoqueros, chimchuangos, lloctaras, chilcas, maticos, camandelas, alisos, etc. Estos campos alojaban y alimentaban nuestro ganado, y a nosotros mismos. Entonces, éramos niños totalmente libres y felices, pese a las limitaciones conocidas, que entonces y hasta hoy, imponen a nuestras familias campesinas, los gobiernos y el sistema.

Las transnacionales, la depredación y la liquidación de la vida.
Todas esas especies vegetales antes mencionadas, algunas con nombres en el dialecto nativo de nuestros antepasados, casi han desaparecido a consecuencia de la avidez de sembrar pasturas para criar vacas lecheras. Esto a su vez, para proveer de leche a las transnacionales GLORIA y NESTLÉ; las mismas que explotan a nuestros campesinos, pagándoles menos de un sol por litro de leche. Introducen además, especies foráneas de pasturas como la grama azul, que no requieren de mucha humedad para crecer; y manteniendo a la gente en los límites de la sobrevivencia, los inducen a depredar los últimos bosques nativos que quedan. Las posteriores y continuas erosiones los convertirán a los suelos en improductivos y poco habitables; y así quedarán como campo libre al futuro ingreso de las voraces transnacionales mineras, las mayores depredadoras del medio ambiente, que no dejarán ningún signo de vida por dónde pasen. Este es parte el plan que neoliberalismo tiene a largo plazo para todo Cajamarca, el mismo que algunos pro mineros arribistas aplauden a raudales; y no falta quienes, como el sociólogo convenido Telmo Rojas, hablan de esto echándoles la culpa de la desertificación de los suelos a los propios campesinos. Para mala suerte de ellos y sus patrones yanacochinos, existimos quienes podemos desenmascararlos, porque defenderemos siempre el derecho irrenunciable a la vida.

Presente y futuro del distrito Sucre.
Luego de conocer hechos y referencias de la vida de doña Dorotea Urquía Zelada, entenderemos mejor, cómo la gran mayoría de anexos del distrito Sucre, encontraron espacio geográfico para desarrollarse en su medio rural, de modo tal que actualmente albergan alrededor del 70 por ciento de su población. A los más antiguos les tocó, incluso, apuntalar el progreso de la ciudad capital, con mano de obra gratuita para la construcción de obras públicas (Iglesia, carretera Loma del Indio-Sucre, Centros Educativos); y hasta aproximadamente cuarenta años atrás, contribuían al sostenimiento de Sucre como distrito líder de la provincia celendina. Hoy nos damos cuenta que es necesario salvar, en el menor tiempo posible, la distancia geográfica existente entre la capital distrital (Sucre) y los centros poblados y caseríos. La construcción de vías y medios de comunicación modernos es una necesidad y una prioridad impostergable. Sostengo, durante años, que: La integración de sus medios rural y urbano, es la única alternativa que tiene Sucre para reencontrarse con su desarrollo. Solo así podrá salir de la disfuncionalidad social, económica y geopolítica que padece, para constituirse en un verdadero distrito. Actualmente la ciudad de Sucre, está aislada de los pueblos anexos del distrito; y solo funciona como un caserío más, o un centro poblado del distrito de Celendín.

Los sucrenses de hoy y mañana, estamos obligados a corregir los errores de nuestros antepasados, ellos no fueron infalibles. El primer gran cambio tiene que operarse en nosotros mismos: ¡cambiemos de mentalidad! para afrontar retos y dificultades.

Lima, 03 de julio de 2013


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