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viernes, 5 de febrero de 2016

SUCRE: CÓMO HUBIÉSEMOS QUERIDO VERTE


Tito Zegarra Marín
Cuando casi sin darnos cuenta el paso de los años nos coloca en la adultez mayor, solemos hacernos algunas preguntas sobre la situación en la que se encuentra el pueblo donde nacimos, crecimos y al que queremos, pero también sobre lo que hicimos por él.

Creo que muchos de nosotros (hablo de mis contemporáneos) poco o muy poco hemos hecho a favor de la tierra pequeña, esa es la conclusión a la que llegamos después de dar una mirada objetiva a nuestro alrededor. Pero de lo que sí somos conscientes y no se nos puede reprochar, es que nunca dejamos de preocuparnos y de sentir cariño por ese segundo hogar: casi permanentemente lo visitamos y, de alguna u otra forma, tratamos de hacer algo, aunque sea de mínima significación.

La revista El Labrador, que el próximo año cumple 25 años de publicación anual ininterrumpida; esta misma revista Eco Sucrense; las Asociaciones de Sucrenses formadas en varias regiones; nuestra participación fervorosa en las fiestas tradicionales de mayo en honor a San Isidro; la intervención activa de muchos amigos en la recuperación del fundo ganadero El Sauco; algunas publicaciones relativas a dar a conocer aspectos históricos, sociales y culturales del distrito; las acciones para impulsar una mejor formación educativa y cultural (el Instituto Tecnológico y la Biblioteca en la Parroquia); nuestras sugerencias e ideas para abordar su problemática y delinear proyectos de desarrollo, son, entre otras, modestas muestras del interés que hemos tenido y que seguimos teniendo por el pequeño pueblo.

Y por cierto, varios de esos aportes, algunos rutinarios, no han sido ni lo mejor ni lo más óptimo. Hubiésemos querido hacer algo más, sobre todo algo concreto y de utilidad directa, como la construcción de la piscina que fue impulsada por un grupo de amigos a la que sería lindo se la implemente de agua temperada, o aquél proyecto trunco de la escalinata a la cruz que no fue entendido por las actuales autoridades edilicias, o tal vez algo más importante, haber promovido con más fuerza proyectos para darle manejo empresarial a los fundos El Común y El Sauco. En fin, tantas cosas, obras y proyectos que no dejan de dar vuelta por nuestra cabeza y que quedarán como una deuda impagable.

Sin embargo, algunos pobladores con toda razón me dirán que muchas cosas se han logrado y que ya no estamos en el Sucre de antes. Es verdad, hoy tenemos luz eléctrica permanente, agua casi potabilizada, la mayoría de calles asfaltadas, tv cable e internet, un instituto tecnológico, una posta médica, electrificación rural, carreteras a sus caseríos, y otros. Pero todo ello, viéndolo desde un punto de vista socioeconómico y no obstante su importancia, creo que no ha sido suficiente ni lo substancial.

Soy un convencido que Sucre reúne las condiciones necesarias, como para haber dado un gran y mejor salto en su desarrollo. Entre otras cosas, porque tenemos el privilegio de contar con dos importantes fundos de 69 y 143 hectáreas, El Común y El Sauco, respectivamente, dotados de agua, productivos y accesibles. Sobre esa base, era factible (y lo sigue siendo) mejorar la realidad socioeconómica del distrito, lo que significa: mejor nivel de vida en sectores importantes de su población, opciones de trabajo estables para muchos de sus jóvenes, apoyo a sus posibilidades educativas, menos presiones para migrar casi sin rumbo, el área urbana dando señales reales de crecimiento y la zona rural favorecida y articulada a la capital distrital.

Lastimosamente ello no ha sucedido y no nos eximimos de alguna responsabilidad y culpa, pero tampoco nos inhibimos para decir con toda claridad que la mayor y directa responsabilidad, recae en los últimos gobiernos municipales, dedicados más al aprovechamiento personal.

Para que un pueblo cambie y progrese, es condición indispensable que lo haga a partir de mejorar su economía, es decir, de la capacidad que tenga para hacer producir sus principales recursos, solo así estará generando trabajo, empleo, ingresos, comercio, etc. Los pueblos solo son grandes y tienen futuro cuando han desarrollado sus economías, cuando transforman e industrializan sus insumos, cuando tecnifican e innovan. A la par, que se nutren de buenos servicios en especial el educativo.

Por lo dicho y a esta altura de nuestra vida, hubiésemos querido ver a Sucre con sus predios El Común y El Sauco, ya convertidos en grandes complejos ganaderos industriales de producción láctea (queso, yogurt, mantequilla, manjar blanco). Con sus cerros Huishquimuna, Lanchepata, Las Lajas y colaterales reforestados, como medios rentables a futuro y elemento de mejora climático. Con su bella campiña, el túnel de más de 500 m y su verde flora acondicionados para la práctica de cortos y agradables circuitos turísticos. Con sus restos arqueológicos de La Lechuga ya puestos en valor y motivo de atracción turística con el beneficio económico que ello implica. Con sus caseríos de las partes altas directamente conectados a la capital del distrito como lo fue antes, con carreteras que debían seguir las huellas de los antiguos caminos.


No diré que se han perdido muchos años y décadas, pero sí que se pudo hacer algo más vital y trascendente. En algún momento del futuro, nueva sangre y nuevas generaciones de sucrenses se encargarán de asumir esas demandas y enfrentar esos retos, para que los hijos del mañana tengan la satisfacción de vivir con mejor bienestar en el suelo que los vio nacer.


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