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martes, 27 de octubre de 2015

EL QAYAQPUMA


Tito Zegarra Marín
Hace algunos días, con mi buen amigo Joubert Sánchez Gómez, tuvimos la oportunidad de visitar y recorrer partes importantes del cerro Qayaqpuma (morada del puma), ubicado en el distrito Llacanora, casi pegado al balneario Baños del Inca y a un paso de Cajamarca.

Pintura rupestre en Qayaqpuma
(morada del puma)
Creo que poco sabemos de su valor mítico y pictográfico, y poco es el interés que existe en el ambiente cajamarquino por conocerlo, estudiarlo y promocionarlo. Ignoramos así, que ese inmenso monumento pétreo fue uno de los Apus (dioses) principales de los aborígenes del valle cajamarquino. Montaña sagrada, venerada, protectora y poderosa. Desconocemos también que, en sus ásperas peñas, se encuentran un número increíble (quizá miles) de pinturas rupestres grabadas entre grietas y planchas arenosas, en algunas cuevas y en paneles rocosos algo cerrados.

Son pinturas que hablan de los primeros grupos humanos que poblaron la tierra de los caxamarca: de sus correrías, actividades realizadas, relaciones con los elementos de la naturaleza y formas de pensar y ver al mundo. Dentro de ellas, destacan dibujos de auquénidos en cantidades asombrosas, como prueba inequívoca que los antiguos caxamarca domesticaron y convivieron con los camélidos andinos (la llama en especial); también, figuras que representan a los nativos en actitud de danza, con sus trajes típicos e instrumentos de la vida cotidiana.

En general, los dibujos siendo cuantiosos, son relativamente pequeños, llenos de contenidos artísticos y pintados con exquisitos colores: rojo, amarillo y anaranjado. Roger Ravines y Alfredo Mires, reconocidos estudiosos cajamarquinos, han investigado este rico patrimonio histórico. Actualmente, la Dirección Regional de Cultura y la universidad de Wyoming (EE.UU), están abocados a rescatarlo. 

Pero el Qayaqpuma, ligeramente cortado por una quebrada y dos cataratas llamadas hembra y macho, esconde algo más: en sus costados laterales aún son visibles algunas huellas del gran Qhapac Ñan o camino del Inca, que vino del Cuzco y pasó a Quito, algún trecho empedrado, sólido y ancho pero ya sin uso. Recorrimos esos vestigios y Joubert me hacía notar que por todos esos roquedales agrestes existe pintura rupestre.

Continuamos esta visita el siguiente día, transitando algunos tramos del ramal del Chapac Ñan que parte de San Marcos con dirección a tierras de los chachapoya, pasando por el distrito Sabogal y de allí al valle Jecumbuy al borde del río Marañón. La imagen del Qayaqpuma (Callacpuma, para otros) parecía resplandecer por esas cresterías andinas.


*Artículo publicado en Panorama Cajamarquino, el 22 oct. 2015

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