Tito Zegarra Marín
Muy cerca de Celendín, pasando el río Marañón en Chacanto (Balsas) y algunos kilómetros más aguas arriba se encuentra el valle en mención, donde se asientan las localidades de Púsac y San Vicente de Paúl.
Es un valle cálido
y productivo. Púsac en quechua significa ocho y hace referencia a los ocho
manantiales de los que afloran las aguas (6m3 por segundo), también al río por
el que fluyen y, por cierto, a la localidad mencionada. El hermoso y original
recinto de los “ojos de agua” fue alterado por rocas y piedras que se
precipitaron al construirse la carretera Púsac-Uchumarca. No obstante, el agua
siguió discurriendo, límpida y aprovechable en el campo y el hogar.
Los dos pequeños
pueblos (Púsac y San Vicente) están unidos geográfica y socialmente, siendo la
agricultura su actividad principal. Nada los diferencia, lo curioso es que
pertenecen a distritos diferentes: Uchumarca y Longotea respectivamente, en la
provincia Bolívar, región La Libertad.
En las tierras de
este cercano valle, en efecto, se producen paltas, mangos, naranjas, limas,
limón y otros, pero es la palta su producto bandera. Desde Celendín (los
últimos años del siglo pasado), la Diaconía y el ingeniero suizo Robert Funk
promovieron a la palta fuerte en especial a la hass. Hoy, reciben asesoramiento
de SENASA, región Amazonas.
La palta, por su
alto valor nutricional y sus propiedades saludables, pronto prosperó y
ganó los mercados de Celendín,
Chachapoyas, Cajamarca, Chiclayo, Trujillo y Lima. Actualmente, alrededor de
200 hectáreas producen un promedio de 1000 toneladas anuales. Importante
cantidad que revierte en favor de los productores, las dos localidades y
provincias colindantes, a pesar de algunos reparos al proceso de
comercialización y precio de venta del producto.
Desde otra
mirada, este acogedor valle ofrece algunos encantos turísticos: los admirables
manantiales, la frescura de su río, su paisaje natural reconfortante y los
primorosos sembríos de palta.
Paralelamente,
hace de enlace con algunos sitios históricos: centro arqueológico inca de
Cochabamba, fortaleza de Pirca-Pirca en Uchumarca, laguna y poza del Inca en
Atuén, pinturas rupestres de Longotea, fortaleza de Pakarishca en Bolívar. Más
al este, el museo Leymebamba, Kuélap y otros.
Pero también, el valle
está destinado a convertirse en una gran puerta de entrada transversal a la
selva que, partiendo de Pacasmayo, enlace a Cajamarca, Celendín, Balsas, San
Vicente, Púsac, Chuquibamba, laguna de Atuén, vertiente del río Huabayacu y La
Morada (pueblo de colonos) y Saposoa, en San Martín. El 2004 lo recorrimos
hasta La Morada.
Sin duda, un
estratégico y potencial proyecto soñado por nuestro recordado profesor
Arístedes Merino Merino en Celendín y los distinguidos cajamarquinos Pablo
Sánchez Zevallos, Emilio Cacho Gayoso y Fernando Silva Santisteban, que hoy, tanta
falta nos hace.
Vale que
Cajamarca y Celendín conozcan y se interesen por dicho valle, no solo por su
cercanía geográfica (80 km), creciente intercambio comercial, interrelaciones
turísticas y vínculos socioeconómicos, sino, por lo que a futuro representa:
conexión amazónica y desarrollo.

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