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lunes, 17 de septiembre de 2012

Personajes: ALFREDO JOSÉ MARÍA ROCHA ZEGARRA


1917-1972

Por Olindo Aliaga Rojas y Gutemberg Aliaga Zegarra.
"Alfredo José María Rocha Zegarra, es un hombre que revive polémica y aviva el escozor latente de heridas no cicatrizadas, ni por el tiempo, ni por la muerte; pero sus detractores que lo malquieren, saben por qué lo hacen. ¡Sí!, Alfredo Rocha, es un valor, un crédito, es la expresión de una raza noble y digna por el lado que se le mire, pertenece a esa estirpe con la que se nace por razones de sangre. Pertenece a esa sangre que no sabe de arrodillamientos, de satrapías, de bajeza humana alguna"... con estas palabras, muy a su estilo, Felipe Neri Zegarra, en su artículo titulado: "Un Hombre se Reencuentra con su Tierra" saludo obligatorio referirse cada vez que se habla de los "Hombres de Sucre, primer director nombrado del Colegio San José, profesor Alfredo Rocha Zegarra.

Esta figura excelsa del saber, sucrense sin parangón, nació el 17 de septiembre de 1917. Sus padres fueron: don Diógenes Rocha, hijo de don José Manuel Rocha y su madre Estefanía Zegarra, con hondas raíces huauqueñas.

Su padrino, Juan Pío Zegarra hermano de Estefanía, inscribió la partida que a la letra dice:

"En el Huauco, siendo las ocho de la mañana del quince de diciembre de mil novecientos diecisiete, ante mi despacho se presentó don Juan Pío, a la vez el niño Alfredo José María nacido el 17 de septiembre del presente año. Hijo legítimo de Diógenes Rocha y de Estefanía Zegarra, siendo el primero de veinticinco años de edad natural de Celendín, profesión carpintero y la segunda de veinticinco años de edad de Celendín, sombrerera, mixtos, católicos a solicitar se asiente la referida partida de nacimiento en el libro de Registro de Estado Civil.

Manifestó el señor Zegarra ser el padrino de bautizo, en fe de lo cual firmaron conmigo de que certifico.

Firman: Pedro Silva, Registrador, Juan Pío Zegarra, declarante; testigos, Salomón Calla y José Sánchez".
Acuarela

En busca de trabajo, sus padres se trasladaron a Celendín, llevándose al niño en brazos y ubicando su domicilio en la calle Marañón.

De sus progenitores el artista Alfredo decía: "Soy hijo de artesanos, mi padre es un eximio carpintero y mi madre excepcional tejedora de sombreros".

En efecto, su padre hacía notables tallados de madera y valiosos retablos; construyó en madera de cedro el Altar Mayor de la Iglesia de Sucre con un estilo clásico.

Cursó la instrucción primaria en una escuelita fiscal de la provincia y seis años después, estudió secundaria en el Colegio San Ramón; perteneciendo a la promoción 1938.

Sus estudios superiores los realizó en la Universidad del Cusco, graduándose en Ciencias Matemáticas con la tesis Congruencia Trigonométrica entre Electromagnetismo y Mecánica.

Con el permiso de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, estudió dos años un curso de Disección de Cadáveres Humanos, asesorado por el catedrático de Topología Anatómica, doctor Ricardo Palma.

Vivió 10 años en el Cusco, estudió idiomas, especializándose en el idioma Inglés. Se dedicó a ser cicerone en esa ciudad cusqueña, también fue traductor de latín, griego y francés.

Realizó estudios de Tauromaquia, en la escuela de Elías Chávez, llegando a vestir el traje de luces en 11 plazas de toros. Además de torero, fue por corto tiempo: policía de investigaciones del Perú.

Fue profesor de Matemáticas y dibujo en el Colegio Guadalupe de Lima.

En su periplo por Europa estudió teatro y trabajó en escenografía con el reconocido actor y comediante español, Santiago Ontañón.

En 1952, conoció al periodista Manuel Jesús Orbegoso, con quien sostuvo una estrecha relación amical. El periodista de El Comercio, actualmente miembro de la Academia de la Lengua del Perú, escribió en el Dominical del domingo 15 de septiembre de 1972 sobre su amistad con el artista y cómo lo conoció: "Te conocí en el parque Universitario, unos 20 años atrás, tenías recuerdo, una motocicleta y llegabas en las mañanas, la detenías cerca al busto de Unanue y tendías un cordel hasta una palmera. Allí te pasabas el día, explicando tus acuarelas: Este es tal sitio, este es tal otro..."

Alfredo Rocha en actuación cultural
Entre su larga lista de amigos, se precia de considerarse tal, el músico Mardonio Sánchez Sánchez, quien dice: "Alfredo Rocha fue un hombre de una sensibilidad extrema, le gustaba mucho la perfección", lo visitaba con frecuencia en su cuarto, muy cerca al parque Universitario. En una oportunidad, comenta el destacado intérprete del clarinete, le pidió al artista que le haga una caricatura, pedido al que su amigo no se negó, haciéndole varias caricaturas, las mismas que a medida que el pintor las estaba terminando, vio sorprendido y apenado, como con pasmosa tranquilidad de insatisfacción rompía su caricatura, explicándole que no estaban bien.


Según el pintor Méndez, sus colegas de arte lo conocieron como "el loco Rocha".

En 1956, estudió un curso de Economía Agraria.

En 1957, viaja a Montevideo y en la Universidad Nacional de ese país estudió Sicología de Formas.

La pintura fue su vocación y pasión, siendo pintor de formación autodidacta, pintó 9,000 paisajes de todo el Perú, solo del Cusco posee 400 cuadros. Es por el arte que ha caminado por 1400 pueblos del país, estudiando y pintando sus costumbres, su hábitat y su historia.

En Bonn, a donde viajó llevado por el interés de las Artes Plásticas publicó un artículo, que acredita el hallazgo del número áureo titulado Proceso de Visualización del Número de Oro.

Dentro y fuera del Perú, realizó exposiciones de paisajes y caricaturas. En 1968, presentó una exposición en la Sala Cultural Iberoamericana de España.

En el Perú, organizó exposiciones al aire libre en el Cusco, Puno y Lima. En 1945, realizó una muestra de paisajes cajamarquinos, consistentes en acuarelas de 23 pueblos, la muestra fue auspiciada por el Club Cajamarca y tuvo lugar, en el pabellón del Campo Ferial de la Municipal de Lima.

Durante 6 meses pintó con asesoramiento arqueológico de la Universidad del Cusco, el cuadro del Inti Raimi.

El maestro Rocha, hizo de la docencia un apostolado y en el campo de la educación fundó y dirigió: La Escuela Normal Mixta de Juliaca en Puno, el colegio secundario de Chalán y el Colegio San José en el distrito de Sucre.

Como director fundador y promotor del Colegio San José fundado el año de 1964, donde estuvo sólo un año, desarrolló una labor educativa ejemplar que fue la envidia de toda la provincia, colocándose el centro educativo de Sucre a la cabeza de todos los colegios de su nivel de aquella época.

En ese colegio dio charlas permanentes a los padres de familia, difundió música clásica por las noches, promovió el arte y la cultura entre el educando, organizando, por aulas periódicos murales y talleres de arte; dictó clases de música, cerámica y tallado en madera, este tipo de clases también las impartió a los escolares de la escuela primaria de varones.

Por el colegio de su pueblo se jugó la vida y lo dio parte de ella al donar 350 libros de su valiosa biblioteca.

En su peregrinaje por los pueblos del Perú, escribió algunos poemas; realizó foros con la exclusiva finalidad de ver la realidad de cada pueblo. Visitó asientos mineros y ha dormido en 32 comunidades indígenas; en su vida de andariego siempre llevó un cuaderno de apuntes y su inseparable acordeón, instrumento que tocaba con verdadera maestría.

Ocupó con éxito las tribunas de las universidades de Trujillo, Cusco y Cajamarca, desde donde vapuleó con energía a las cosas y autoridades que no fueron de su agrado; en sus disertaciones no dejaba santo con cabeza y cuando se trataba de ridiculizar, su mordacidad llegaba hasta la hilaridad. Se cuenta que en la universidad de Cajamarca, un expositor solicitó un vaso de agua y él, le alcanzó un balde.

En 1965, escribió: El Cusco Ensayo Historiográfico. De su estancia en Celendín, son su libro Dialéctica de la Quena y otros escritos filosóficos.



De regreso a Lima, se instala en Miramar, en una fresca calle de San Miguel, en donde arma su atelier con vista al mar; allí en hermoso desorden, Alfredo Rocha colgaba desde unas estaquitas prendidas a las paredes, su camisa de pintar, salpicada por mil colores, algunos cuadros y una canastita con los dulces que le enviaba doña Estefanía, su madre; que un día truncado, le quiso escribir: "Mamita ven, te extraño mucho, ya me he cansado de estar lejos de ti, ven y nos iremos a España, a Palma de Mallorca, me aburro solo y en tu compañía trabajo mejor y gano dinero, ven Mamita", quejumbroso le iba a contar sus penas en esa carta que por culpa de la mala hora no la envió.

Alfredo Rocha, de espíritu intrépido e inquieto, se embarcó en un barco mercante noruego; primero como grumete y luego como jefe de rumbos.

En el mes de septiembre de 1972, realizó su última Exposición de Acuarelas, en el local del Instituto Peruano Norte Americano - IPNA.

Su labor artística mereció algunos premios nacionales de acuarela un reconocimiento por el Instituto de Cultura de Cajamarca, en cuya; sede le han colocado una placa.

El 9 de octubre de 1972, a la una de la madrugada, el delincuente conocido como El Pelado, lo atropelló con una camioneta robada, en la cuadra 12 del jirón Unanue, en La Victoria. A las 6 de la mañana dejó de existir en el hospital Dos de Mayo.

Los hechos de este extraño accidente no fueron lo suficientemente investigados por las autoridades policiales; por lo que, un velo de sombra se extiende sobre la muerte del reconocido artista pata de perro (andariego, trotamundos), que las autoridades políticas de aquel entonces lo consideraban peligroso y lo tenían como contrario, porque tuvo la osadía de decir, a través de su arte y de su pluma cáustica, la verdad que incomoda a todo político de turno.

Sus restos fueron velados, con consentimiento de su viuda, la señora Elvira Torres, en el local de la ANEA, a donde perteneció. Desde ese local cultural lo trasladaron al cementerio El Ángel.

Rocha Zegarra, durante su vida procreó dos hijas, Elizabeth Rocha Araujo, quien vive en Celendín, en posesión del legado artístico de su padre y Herlinda Esperanza Rocha natural de Trujillo, radica en Cajamarca.

La prensa nacional le dio amplia cobertura a la muerte del artista polifacético. El diario Expreso, en su sección El Ojo Ajeno, destacó el trágico suceso de la siguiente manera:

ALFREDO ROCHA HA MUERTO

Balacera en Celendín
Ayer, en la madrugada, murió a causa de un accidente de tránsito, el artista cajamarquino Alfredo Rocha Zegarra, quien hace algunos meses retornó a su patria luego de una prolongada peregrinación creativa por otros continentes. Será velado esta noche en el local de la ANEA.

Dibujante y pintor, artesano y músico, interesado en las más disímiles manifestaciones del espíritu humano, Alfredo Rocha recorrió el Perú, y parte del mundo, sin otra meta que establecer contactos con los hombres en torno a la creación y el conocimiento. Sin otra escuela estética que su amorosa identificación con las genuinas expresiones de su pueblo, llevó consecuente consigo mismo, la vida trashumante, difícil y solitaria de los que abandonan todo para marchar en procura de un ideal. Ejerció en varias oportunidades la docencia en Celendín su tierra, antes de partir en busca de caminos que recorrer. En donde estuvo realizó exposiciones de sus obras y promovió entusiastamente, especialmente entre los jóvenes, su fe en la vida, y la alegría. Ha muerto cuando se reencontraba con su tierra después de una larga travesía europea (A.P.)

El 16 de mayo de 1986, con motivo de las Bodas de Plata del Colegio San José de Sucre, el Comité Pro Bodas de Plata, con sede en Lima, colocó una placa conmemorativa, en el frontis del teatro-auditorio y en el discurso de orden se enalteció la figura eternamente erguida, el nervio artístico, el talante cáustico del maestro, pintor y músico Alfredo Rocha Zegarra. Años más tarde, la promoción Alfredo Rocha Zegarra, le erigió un monumento con el busto del maestro perennizado.

De personajes de la historia Sucrense

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