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viernes, 4 de marzo de 2011

Escenario: El AMBIENTE DE SUCRE


Por: Homero Bazán Zurita.
Nuestro buen amigo Tito Zegarra, Director de «El Labrador», me solicitó escribir para esta ya periódica Revista sucrense, un artículo relacionado a mi campo profesional: la Ecología o estudio del medio ambiente. En un comienzo pensé en dar a conocer algunas experiencias sobre la relación que debe haber entre el crecimiento económico y la conservación de nuestros recursos y nuestro entorno en general; más luego, recordando a la tierra de mi padre, Tarsicio Bazán Zegarra, y de mis ancestros por esta línea, y haciendo memoria de muchos recuerdos de infancia, adolescencia y juventud (al decir de León Tolstoi) en el antiguo Huauco, pensé, mejor, en comentar sobre una aproximación especial al medio ambiente de Sucre.

Nuevos conceptos ambientales nos explican que el ambiente no es sólo la descripción de los paisajes geográficos, sino también comprende los aspectos sociales, económicos y culturales de las poblaciones humanas que habitan tales espacios. Es la ciencia de las interrelaciones de los seres vivos, de los humanos y la naturaleza. Y el espacio de Sucre, como el de muchos hermosos pueblos de nuestro vasto Perú, conserva, todavía y afortunadamente, un entorno bucólico en donde prevalecen la naturaleza y el humanismo, y donde el hombre (y la mujer) forman parte de la primera. No hay una cultura de dominio, sino de solidaridad de las generaciones presentes con las futuras, y la necesidad de un desarrollo social que se basa en una relación humana con la tierra. Al principio director de las economías actuales (denominadas «economías de caudal») de maximización de los flujos: volúmenes de producción, beneficios e ingresos - dando prioridad a la productividad de la naturaleza -se le antepone, más bien, el del principio diferente de aumentar la eficacia del trabajo, al mismo tiempo que se preservan los recursos.

Los valores de la amistad franca, de la solidaridad, del compañerismo y de la familiaridad son de uso diario. ¿Acaso no la mayoría de hombres y mujeres sucrenses se trata y aprecia con las expresiones sinceras y dulces de «cumpitas» y»cumitas», «manitos» y «manitas», «primitos» y «primitas», o «tiítos y tiítas»?. El respeto a la familia y a los mayores es un valor acendrado que se cumple, no como una tradición conservadora, sino como un ejercicio de una conciencia que valora al núcleo familiar y al hogar, y a los ancianos y ancianas como verdaderos patriarcas y matriarcas del pueblo, muchos de ellos legendarios como las Úrsula Iguarán y los José Aureliano del Macondo de García Márquez. Persiste aún el espíritu comunal, y se practican las acciones recíprocas de ayuda y apoyo en el trabajo familiar o comunitario, en el campo como en la ciudad, bajo el aforismo de «sembrar juntos hoy para cosechar juntos mañana», que implica responsabilidad equitativa en las necesidades de todos y en todas las necesidades.

La gente de Sucre con su trabajo, su hombría (y hembría, si se me permite el neologismo) de bien, su espíritu aventurero, su inquietud viajera, han dado a Sucre el sello de un pueblo de inteligentes y buenas mozas que honran a su lar natal en los muchos lugares donde viven y trabajan.

Los sucrenses quieren a su tierra y a sus recursos, en una relación hombre-naturaleza muy profunda, y hacen uso de ella con racionalidad y respeto, sin romper sus ciclos vitales. La Tierra tiene un significado de Madre y Maestra, y tiene un valor de prodigalidad y de fuerza tutelar. El usufructo de los recursos se hace con el tesón cotidiano de hombres y mujeres, con tecnologías propias y también modernas, pero sin caer en el facilismo de la aplicación de técnicas puramente químicas, tecnologías sofisticadas y dependientes, u otras que erosionan al ambiente. No hay historia de graves actividades de depredación, de transformación negativa de ecosistemas nativos o de destrucción irreversible de equilibrios naturales.

No quiero dar la impresión de que Sucre es un paraíso terrenal. Hay pobreza, hay analfabetismo, hay servicios básicos que deben ser mejorados; hay que arreglar y aumentar la infraestructura vial, la de salud y la escolar; hay que hacer más justas las relaciones comerciales; le faltan recursos económicos para lograr y completar sus principales proyectos y anhelos de desarrollo. Los datos adjuntos nos dan cuenta de algunas de estas carencias.

Pero Sucre, de noble origen lusitano, de apacible existir, amada por sus hijos como un gran hogar común, que mantiene su identidad cultural y ambiental, es un pueblo de paz y trabajo, que busca mejorar sus condiciones de vida y la solución a sus muchos problemas y la construcción de un futuro mejor para aquéllos que se afincan en el terruño natal.

Parafraseando un comentario del libro «Cajamarca, Patrimonio Histórico y Cultural de las Américas», sirvan estas palabras sueltas para una valoración del añoso Huauco, como un ambiente geográfico y humano propicio para la contemplación, pero también para la vida y el desarrollo de su comunidad.

De la revista el Labrador mayo 1995.

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