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lunes, 27 de junio de 2011

Pluma de la altura: OPINIONES DE UN LECTOR DE “AVATARES… y relatos al paso”



Por: Secundino Silva Urquía.

Gracias a mi amigo José Luis Aliaga Pereyra, llegó a mis manos el último libro de Gutemberg Aliaga Zegarra, Profesor nuestro, al paso por las aulas del colegio “San José” de Sucre.“AVATARES… y relatos al paso”, es uno de los poquísimos libros que se publican en nuestra tierra; por los que, luego de recibirlo, inicié lectura inmediata, lo acabé de un tirón; para finalmente, ponerlo en un lugar preferencial de mi modesta biblioteca, junto a anteriores libros que el mismo autor tuvo la gentileza de obsequiarme. 


A quienes tenemos a la lectura como vicio irrenunciable, nos acompañará siempre esa inquietante angustia de dar una primera ojeada al libro que caiga en nuestras manos; y de disponer de tiempo para “devorarlo”, si es que algunos de sus párrafos iniciales o comentarios de contracarátula logra motivarnos más. Si el autor, como en éste caso, es un conocido nuestro, la inquietud por sentir el prurito de leer su producción y conocer mejor a quien alguna vez lo escuchamos y de quien recibimos enseñanzas, se incrementa. Y es que un escritor en sus obras, no solamente deja conocimientos y motivos para el deleite de sus lectores, sino también parte de su personalidad.


He criticado abiertamente algunas expresiones de la posición política del Prof. Gutemberg Aliaga, porque las considero perjudiciales para el futuro e integridad de nuestro distrito Sucre. Por el bien de él mismo y de su pueblo, espero que las cambie. Y, como no entiendo de géneros de la narrativa ni de crítica literaria, solo he decidido opinar acerca de la impresión que me ha causado leer “AVATARES… y relatos al paso”, con el sano propósito de que escritores como su autor, conozcan también parte de lo que los simples lectores buscamos o deseamos encontrar en las páginas de cada relato u obra literaria.


Todos los escritores son artistas, aunque debido a los avatares de su propia vida, algunos lo sean más que otros. En el intervalo existente entre afición y genialidad, estriba la diferencia entre ellos mismos y sus respectivas producciones. Para valorar la dimensión de la obra de Gutemberg Aliaga, hay que leerlo; y muchos sucrenses, identificados con todo lo relacionado a la historia y cultura de su pueblo, seguramente lo harán, si es que aún no lo han hecho. Leer “AVATARES… y relatos al paso”, implicará para muchos una dosis de reafirmación en ésa identificación con el lar natal. Comprobar que entre los personajes del cuento de entrada “AVATARES DE UN MAESTRO”, están bien valorados los campesinos del ámbito rural del distrito celendino de Oxamarca, y verlos en una relación armoniosa con el Profesor sucrense y su familia, es gratificante. En el sentido educativo y cultural; es una buena forma de coadyuvar a desterrar la praxis discriminatoria o excluyente hacia el poblador rural, subsistente en nuestros pueblos andinos. 


Mejor posicionadas hacia el sentido de la crítica al nuevo libro de Gutemberg Aliaga, llegan, las opiniones de Olindo Aliaga Rojas, quien además, es coautor de un libro con él. Olindo Aliaga afirma que, en las narraciones del libro comentado, “… el hombre de a pie se convierte en protagonista, pero sin visos de avanzar tal como lo habían hecho Ciro Alegría, Arguedas o el autor de ´Cordillera Negra´ Oscar Colchado”. Y a continuación, agrega: “El autor de ´Fibras del Tiempo´, sin quitarse las fibras ha querido atrapar en su libro, para perennizarlos, los relatos fingidos de palabra, contados por hombres de otro tiempo…” (Los resaltados en negrita son míos)


Ciro Alegría Bazán y José María Arguedas, obviamente serán exponentes colosales, por mucho tiempo insuperables, en su genialidad de describir paradojas especiales del comportamiento y costumbres de los hombres del campo; diversidad de personajes que luchan como individuos y colectivamente, por la supervivencia en un medio agreste, frío y hostil que, sin embargo, logra sacar lo más noble, natural y sincero de cada uno. El primero, vio de cerca las penurias, expresiones nativas, escuchó el lenguaje arcaico, de los campesinos de la sierra norte;y lo plasmó con autenticidad en sus novelas, de tal forma, que al leerlas se advierte el surgimiento de una identidad trascendente que revalora al poblador andino y su medio. El segundo, muy versado en Literatura y ciencias sociales, vivió las tragedias del indio del centro y sur; y los estudió con rigor científico, introduciendo muchas palabras y expresiones quechuas, en sus libros. Mario Vargas Llosa, aún joven, le observó a Ciro Alegría, la diferencia que él había advertido, en la descripción del indígena peruano, existente entre ambos renombrados escritores, adjudicándole cierta superioridad a Arguedas. Luego que Ciro Alegría le aclarara a MVLL, que la idiosincrasia y modo expresivo del indígena norteño, era muy diferente a la del indígena del centro y sur del Perú, éste quedó satisfecho con la explicación y cambió de opinión. Más tarde, el hoy Premio Nobel de Literatura, declararía que Ciro Alegría era nuestro primer escritor clásico. 


Los avatares también existen en la vida de los lectores; por esto, sobre la base de la crítica de Olindo Aliaga y mi conocimiento de la idiosincrasia y modo de hablar de la gente del campo, cuando en el citado cuento de entrada, leía el acto de intervención del personaje Artemio Chávez en la Asamblea de Padres de Familia, no veía a un campesino de la zona, sino a alguien que más parecía poblador de la ciudad. El autor lo hizo hablar, y el personaje refinada y fingidamente, dijo lo siguiente: “…Estamos muy emocionados al haber escuchado todo lo que usted quiere hacer. Creo que naiden estará en contra… exigiremos a los padres de familia que trabajen para nuestra escuela y nuestra comunidad.Sin ánimo de pretender corregir a Gutemberg Aliaga, creo que un Artemio Chávez, campesino y auténtico poblador rural, se hubiera mostrado más nativo y democrático, diciendo lo siguiente: “…Estamos muy emocionaos al haber escuchao todo lo que usté quiere hacer. Creo que nadies estará en contra… nos exigiremos como padres de familia trabajando para nuestra escuela y nuestra comunidá.(Los resaltados en negrita también son míos y remarcan las palabras que diferencian a ambos textos contiguos)


Por tanto, volviendo al sentido crítico de Olindo Aliaga R, concluimos que su expresión “relatos fingidos de palabra” que atribuye a los ´relatos al paso´ del libro, no es superflua o gratuita. El lenguaje en el ámbito rural de Sucre y Oxamarca, felizmente tiene aún mucho de arcaico, por la cantidad de vocablos culles y quechuas, así como de barbarismos que éste conserva; y a los que Gutemberg Aliaga Zegarra, parece no haber captado a cabalidad para incorporarlos a su léxico o bagaje. Quizás tenga que releer, leer y emular a escritores consagrados. Compenetrarse vivencialmente con la gente sencilla del campo; para paralelamente, “sustraerles el valioso material”que le permita finalmente, narrar con mayor rigor profesional, autenticidad y vigor,sus próximas epopeyas.


El mismo GAZ nos dijo alguna vez: “El escritor se hace y el poeta nace”.

Lima, 23 de junio del 2011



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