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martes, 27 de marzo de 2012

SUCRE, ENCANTO ANDINO

Autor: Reinhard Seifert

Sucre, un distrito de Celendín, antes El Huauco — tiene un enorme potencial ganadero. La pregunta que surge es cómo desarrollar una actividad lechera que sea rentable y que contribuya al autosostenimiento de la familia campesina. Para entender lo que pasa a nivel local es necesario explicar las políticas agrarias a nivel nacional y mundial.

Fue evidente que durante el pasado, las últimas décadas y menos ahora, ni el Perú ni el distrito de Sucre fueron una isla de las políticas agrarias. Lo que paso en el mercado mundial del inmediato tuvo su repercusión en el desarrollo del agro peruano y así sucesivamente, lo que sucede a nivel nacional en algo tienen que ver las regiones. Cada una de ellas con su especialización, sea en leche o en cultivos para la exportación.

Históricamente hablando, el mundo entero demostró un hecho irrebatible: que el eje del desarrollo agrario se muestra en la familia campesina; cuyo capital en tierras y ganado están asociados y relacionados a la posibilidad de intercambiar los productos en el mercado y disponer de la totalidad de ellos; fue la clave.

El agro peruano y el distrito de Sucre es competitivo si podemos romper un cuello de botella esencial, el de la recuperación de la fertilidad del suelo. O sea, en otras palabras, el suelo de Sucre está muy gastado, no tiene fuerza ni existen las cantidades en fertilizantes químicos — por ser inaplicables y caros — que podrían devolver a la tierra su esplendor y riqueza. Empero, basta encontrar una solución campesina.

Un sistema agrario está compuesto por varios sistemas de producción, los que permiten al campesino producir lo suficiente para el autoconsumo y una parte, o el excedente, para venderlo en el mercado. De modo que en la práctica, se plantea introducir una fertilización orgánica que renueve a las parcelas y un medio de lograrlo es mediante el ganado vacuno, principalmente, abundante productor de estiércol. No cuesta nada al campesino. Solamente se invierte una suma de dinero en la compra de semillas de pastos mejorados (p.e. festuca arrundinacea, dactylis glome rata, y trifolium repens), adaptados a las condiciones ecológicas de la zona de Sucre. De hecho, un pasto perenne y que soporta la sequía nunca más hará sufrir, por escasez de alimentos, al ganado.

Y el pasto, al ser ingerido por la vaca lechera, se transforma en deyecciones animales, el mejor fertilizante y el más barato del mundo. Y en grandes volúmenes. Todos los campesinos de Sucre quieren su huaylla o el buen pasto. Ayudémoslos a que lo consigan. Así mismo, esto tendría un efecto multiplicador en el rendimiento lechero y en los rendimientos de los cultivos de pan llevar.

Ciertamente, este proceso de intensificación de la tierra también aumenta la producción y productividad, es decir al poder tener más vacas lecheras en las mismas parcelas, el volumen actual y promedio de 20 000 litros anuales (por trabajador/ campesino) crece paulatinamente.

¿Y qué pasa con el precio de la leche, la otrora manzana de discordia? Alrededor de los últimos veinte años, por lo menos, este fue estable en relación al dólar americano (tendencia entre 0.17 - 0.23 centavos). Actualmente se mantiene más o menos 0.20 centavos de dólar, como costo de producción podemos deducir que es aproximadamente el 40% de esta cifra. Por ello hay una ganancia. A la vista salta la pregunta, ¿por qué en Sucre no podemos aumentar la producción lechera?

Son las condiciones desfavorables de comercialización — NESTLE (Incalac) como empresa transnacional más bien fue una traba — que impidió un mayor desarrollo lechero, Durante décadas se importó leche en polvo subsidiada, vale notar más barata proveniente del mercado mundial, Nunca hemos tenido una política agraria que haya favorecido la producción, nosotros tuvimos — hasta ahora — una política económica urbana, dejando de lado al campesino.

Al carecer de una política favorable hacía los campesinos, los demás cuellos de botella que estorban a la producción lechera se cantan solos: el minifundio extendido, no contamos con centros de investigación, no hay servicios agropecuarios serios que podrían capacitar y educar al productor en temas de gestión, manejo y uso de la guadaña. Esta última permitirá acrecentar la superficie cultivada por el mismo campesino. En efecto aquí se requiere de una base forrajera, mejor dicho un excedente, imposible de constatar con las especies o variedades de pastos que contamos en la zona de Sucre.

Las condiciones políticas hay que cambiarlas poco a poco con la presión de los productores y luchar por la autosuficiencia alimentaria. Es posible. Tenemos la suficiente capacidad y destreza.

Una última propuesta es la de instalar pequeñas empresas queseras.

Con una inversión inicial de aproximadamente $ 3000 (Tres mil dólares americanos) para que procese 300 litros de leche diarios, habrá una buena ganancia sobre todo para los ganaderos que viven lejos de las llamadas rutas de acopio.

Cabe resaltar desde ahora hay que pensar en dos tipos de quesos: semiduros y duros, los que no se encuentran fácilmente en el mercado. Esto sería un nicho del mercado. Aquí la compe­tencia consiste en ofrecer un producto que otros no venden.

Sucre y su valle espléndido nos invitan a permanecer por más tiempo. Con nostalgia recordamos nuestros paseos y las conversaciones con muchos campesinos, quienes ayudaron en comprender una realidad tan disímil en relación a otras partes del Perú, pero encantadora.

Fuimos encandilados por su belleza y encanto. Regresaremos siempre.

De la revista El Labrador, mayo 1999.

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